viernes, 30 de diciembre de 2016

El Huerto de las monjas..., y mucho más.

Confieso que hasta hace unos pocos días no había tenido conocimiento de la existencia del Huerto de las monjas, pese a haber pasado mis primeros 75 años de vida a menos de 600 metros de distancia, y pese a transitar por la calle del Sacramento al menos una vez por semana. Sólo puedo alegar en mi descargo que el mal llamado huerto sólo debe llevar abierto a madrileños y visitantes unos 20 años, como mucho…

Lo cierto es que tras saber de su existencia conté las horas para ir a conocerlo y tuve que esperar al primer día laborable, en medio de las festividades navideñas, para recorrer esos 600 metros que me separan de él, y entrar con mucha curiosidad y cierta emoción en su privilegiado recinto.

Acceso desde la calle del Rollo
Vista desde el oeste
Para entonces ya había leído cuanta información pude hallar en mis libros y en la red, encontrando no pocas cosas curiosas y alguna que otra contradicción e inexactitud, como es habitual. En sitios como Viendo Madrid, Arte en Madrid, Rutas Pangea o La Gatera de la Villa, por ejemplo, pude encontrar una rica información sobre las peripecias históricas del “huerto” vinculado al convento que en el XVII fundó el Duque de Uceda, para ser habitado por las religiosas descalzas de san Bernardo, es decir, por las monjas Bernardas. Por cierto, en otro sitio web, ignoro si por errata o por error, en lugar de monjas cistercienses, habla de monjas circenses, lo que me lleva a imaginarme a un grupo de whoopi goldbergs, vestidas de monjas, haciendo volatines y malabares.

Recuerdo bien la fachada del Convento, puesto que fue derribado en 1972, como recuerdo que nuestra hija menor tuvo una compañera de cole que vivía en las casas que se construyeron en el solar del convento, y nos decía que tenían unos jardines interiores preciosos, que nosotros creímos eran fruto del poder adquisitivo de los nuevos dueños.

Farola que estuvo
en la Puerta del Sol
Fuente de la Priora
Lo cierto es que algunas de las lecturas iniciales me habían llevado a creer que el “huerto” era un relicto del huerto primigenio de las monjas, lo que aumentaba notablemente mis expectativas. La visita y lecturas más finas y minuciosas me llevaron a saber que en realidad se trata de un Jardín creado por el arquitecto Joaquín Roldán Pascual, rehabilitador del Palacio de O’Reilly (o de Lezcano), que tuvo el acierto de recrear un jardín romántico en el espacio donde estuvo el antiguo huerto,  reproduciendo el trazado original y conservando algunos de los árboles preexistentes. Como el encargo era municipal, tuvo ocasión, y la aprovechó a las mil maravillas, de recuperar de los almacenes públicos una farola de la Puerta del Sol y la Fuente de la Priora, propiedad de los duques de Montellano, que la instalaron primero en su finca de Cuerva (Toledo) y  luego  en su palacio de la Castellana.

Esta falta de “originalidad”, que rebajó mis expectativas iniciales, no resta ni un ápice el valor actual de este milagroso brigadoom madrileño, que ya he incorporado a mi selecto grupo de rincones de Madrid. Loados sean el Ayuntamiento, por no ocupar tan goloso y apetecible espacio, y Joaquín Roldán, por su paciente y cuidadosa rehabilitación.
Cubierta, cúpula y torre

Minihuerto "municipal"
Desde su interior, por encima de la valla sur, a cuya espalda está adosada la Fuente de Diana Cazadora, se puede contemplar la conjunción de la cubierta de la Capilla del Obispo, la vieja torre de san Andrés y la cúpula de la capilla de san Isidro, que forman un tríptico de profundo sabor madrileño.

Lo único que lamento es que Roldán no dedicara alguno de los parterres al cultivo de zanahorias, tomates o judías verdes, por ejemplo, para justificar plenamente el nombre de Huerto. Alguien debió pensar lo mismo, y en el macizo de entrada por la calle del Rollo ha plantado algo que, como no parece ornamental, deduzco que es alimenticio. Como supongo que ese alguien es un empleado municipal, no quiero ni pensar en las fatigas que habrá de pasar si los compañeros le exigen compartir la cosecha. Necesitará el famoso milagro multiplicativo.


Muro este
Muro este, base del Torreón
Abajo tipo mixto y encima, tipo austria 
Pero…, lo que no esperaba es lo me encontré: Al acceder por la calle del Rollo, en la pared de la izquierda me tropecé ya con el aparejo toledano y mi pedernal, pero es que al penetrar en el jardín los ojos se me fueron a la pared orientada al oeste que está ocupada por un torreón en cuya base coexisten el tipo Austria y el tipomixto, mientras que la parte superior sólo está integrada por el popular ladrillo (que diría don Eugenio)

Plano de Texeira
Plano de Espinosa
Visión actual
Ante tamaña sorpresa, hube de volver a buscar antecedentes y consecuentes en la bibliografía. La información, como siempre, deja flecos sueltos aquí y allá; para empezar, la imagen del siempre fiable Texeira deja no pocas dudas. Sitúa el convento, con su propia iglesia, su claustro y su patio interior, donde hoy está el palacio de O´Reilley y a su izquierda, separada por una calle (tal vez la de la Parra) que no aparece en ningún otro plano, una extraña manzana en la que hoy está la Iglesia Castrense. Me resisto a pensar que don Pedro errara en una zona tan especial como era la señorial calle de Sª María. Como se puede comprobar, el trazado del lado este, que linda con la calle del Orno, actualmente del Rollo, es el mismo del plano de Espinosa de los Monteros y el actual.
Paredes del Torreón

Entre los años 1671 y 1744 se construyó la iglesia del Sacramento y a su derecha entiendo que se construyó un nuevo convento, al que se trasladarían las monjas bernardas a mediados del siglo XVIII.

Este nuevo convento, que de ninguna forma puede ser el designado como LI en el plano de Texeira, edificado en 1616, sería en el que se construiría el huerto-jardín que nos ocupa, tal como puede verse en el plano de Espinosa de 1796.


En 1725, debió ser la familia Uceda la que encargó al arquitecto Pedro Hernández la construcción del edificio que ahora conocemos como palacio de O´Reilly, para residencia ampliada o remozada de las monjas. En 1830 la propiedad pasó a manos de la familia Lezcano y, posteriormente, tuvo diversos usos, entre los que recuerdo a la ONCE, hasta que en 1980 pasó a propiedad municipal y Joaquín Roldán realizó una magnífica rehabilitación, recreando el huerto-jardín y conservando, como debió hacer Pedro Hernández en su momento, las paredes oeste y norte del torreón que tienen en su base el aparejo toledano, receptor del pedernal de la muralla. 

jueves, 21 de abril de 2016

Mi verano con Cela en Hoyo

Ya que tengo abierto este blog, que es consultado por gente amable e inquieta, no me resisto a incluir en él una breve noticia sobre el libro que acaba de publicarme Ediciones La librería, titulado: Mi verano con Cela en Hoyo. 
Es una especie de "trampantojo literario" a través del cual se puede conocer cómo era el Cela de 1942, que estuvo ingresado en el Nuevo Sanatorio Antituberculoso de Hoyo; un  Cela muy distinto al de su imagen pública posterior. También aprovecho el texto para proclamar que esa estancia, aunque breve, resultó de especial relevancia para su vida y su carrera.

El libro se presenta  el sábado 23, en la Casa de Cultura de Hoyo de Manzanares, a las 18:30 horas, dentro de la Semana Cervantina y como aportación a la celebración del Centenario de Cela, que se abrirá formalmente el próximo 11 de mayo.

Al Acto, organizado por el Ayuntamiento de Hoyo de Manzanares, asistirán tanto el hijo del Nobel, Camilo José Cela Conde, como sus hermanos Maruxa y Jorge, acompañados de distintos familiares.

martes, 1 de diciembre de 2015

ÍNDICE

ÍNDICE


EL AUTOR Y SU MADRID

LA MURALLA
Presentación
La muralla de Madrid
La muralla de fuego: El pedernal
Avatares de la muralla: Un poco de historia
Madrid Capital de España
Los restos de la muralla
La reutilización del pedernal
Encuadre cronológico
Encuadre espacial
Madrid y sus otras alternativas
El pedernal: "arquetipo" madrileño
Diálogos de piedra y agua
Tipología del uso del pedernal
Capilla del Obispo
San Pedro el Viejo
San Nicolás
San Ginés
Nuestra Señora del Carmen
Monasterio de las Descalzas Reales
San Jerónimo el Real
Monasterio de la Encarnación
Sede de la UGT (Convento de las Arrecogidas)



OTROS PEDERNALES








lunes, 30 de marzo de 2015

EL LIBRO

En un principio fue el Libro...

Tan bíblico inicio tiene su explicación. A finales del 2008 abordé la autoedición onerosa de una primera versión de La Muralla Reciclada. Se trataba de un "librito" de 165x220 que constaba de 93 páginas.
Edición de 2008

Su acogida entre amigos y familiares fue muy reconfortante pero por diversos motivos no tuvo promoción alguna y, aunque intenté una tímida incorporación al circuito comercial, el reducido número de ejemplares editados coartó desde su inicio una mínima difusión.

Pero el problema surgió cuando la información recogida en el texto empezó a quedarse pequeña por el continuo hallazgo de nuevas aplicaciones del pedernal en los edificios y usos urbanos de Madrid, que me situaron ante el reto de complementar lo escrito y compartir dichos hallazgos. Intenté confeccionar un Apéndice con medios "caseros" (de hecho lo hice, en diciembre de 2012)  pero me dejó muy insatisfecho. 

Estando en ello se me cruzó Mercedes Gómez que me sugirió la apertura de un blog. La hice caso, y le estoy muy agradecido, ya que ello me ha permitido ir ampliando la información e interactuar con quienes tiene la amabilidad de consultarlo y aportar sus propios puntos de vista. Aprecio, y mucho, las capacidades de esta forma de comunicación que nos ha proporcionado la tecnología informática. Abrí el blog en el mismo mes de diciembre de 2012 y, pese a sus evidentes limitaciones temáticas, lleva recibidas a día de hoy  cerca de 26.000 visitas, lo que me parece increíble.
Edición de 2015

Todo está muy bien, pero pertenezco a esas generaciones "preinformáticas" para las que la letra impresa es la portadora de la cultura y la comunicación (de hecho tengo varios buenos amigos que, en eso de la informática, están sin alfabetizar) por lo que en cuanto he encontrado un hueco y he encontrado una editorial  (Visionnet) que me ha proporcionado confianza, me he lanzado a esta nueva aventura, aunque ahora con más y mejores mimbres que hace 7 años.

Pese a ser consciente de que seguiré encontrando nuevos hallazgos y de que deberé matizar muchos de los temas expuestos, he confeccionado una nueva versión de  la muralla, en formato 170x240, que ocupa 175  páginas, lo que significa evidentemente que el contenido se ha incrementado de forma sensible y justifica el subtítulo que he utilizado:  Edición corregida y muy aumentada.

Al haber recurrido a los servicios de Visionnet el Libro va a estar accesible, además de en la Editorial, en los circuitos comerciales habituales, tanto en papel como en bits (eBook) para seguir aprovechando las facilidades de la informática.

Lamento haber "umbraleado" (hablar de mi libro) pero supongo que se entiende.

    http://www.visionnet-libros.com/detalles.asp?id_Productos=14253










jueves, 11 de septiembre de 2014

Tipología del uso del pedernal

Cuando se pasa revista visual a las distintas estructuras en las que los madrileños han ubicado el pedernal en sus iglesias, conventos, palacios, casas u otros usos urbanos, se puede observar una aparente gran variedad de combinaciones del pedernal y del ladrillo, variedad que se ha ido incrementando con el paso del tiempo y las sucesivas reformas (mejoras y peoras) que los responsables han ido introduciendo según han creído oportuno en cada momento.
No obstante, tras darle unas cuantas vueltas al asunto, entiendo que toda esa aparente variedad se puede reducir a dos únicos tipos de uso: el carpetano (con una ligera variante que permitiría hablar de un tipo mixto) y el austria.
El que llamo tipo carpetano, no es otro que el continuador del uso que del pedernal hizo el pueblo carpetano durante siglos, es decir, utilizar el pedernal como mamposta para construir las zapatas y los zócalos de las edificaciones que les proporcionaba estabilidad y les garantizaba el aislamiento térmico y les resguardaba de las humedades.
Se trata, pues, de un uso básicamente estructural, en el que el pedernal aparece sólo, acompañado de un material de relleno que asegura su trabazón. Las principales diferencias entre unos y otros casos se deben, precisamente, al volumen de ese material de ligazón y, en general, son fruto de las sucesivas operaciones de rehabilitación bienintencionada.
Sin tratar de ser exhaustivo, el tipo carpetano puede apreciarse en reciclados tan notables como: San Nicolás (fachada de la calle del Biombo); Casa de Juan de Ciriza; Palacio del Marquésde Camarasa (fachada de la calle de Segovia); Palacio de la Vera; casas de la parte inferior de la Costanilla de San Andrés y de la calle del Toro y, desde luego; esa casa “desaparecida” de la Travesía de las Vistillas que está en el origen de mis elucubraciones.
En cuanto a los efectos de las “restauraciones”, no hay mejor ejemplo que el de la fachada oeste de la Capilla del Obispo; la comparación del antes y el después pone de manifiesto que el restaurador decidió, en su momento que la “llaga es bella” y la recreció hasta que casi no permite ver el pedernal.
El pedernal carpetano del nº 6 de la costanilla de San Andrés ha sido cubierto en septiembre de 2014 en ese continuo vaivén que es la rehabilitación de edificios. Sepamos los amantes de Madrid que ahí debajo está el pedernal.
No parece lógico terminar la descripción del tipo carpetano sin recordar su aplicación estelar en la muralla de Madrid, ya sea en su versión árabe o en la cristiana. 
El lienzo conservado en el Palacio del Marqués de Villafranca que ahora alberga la Real Academia de Ingeniería, muestra el pedernal rodeado del material aglomerante.
El segundo tipo, que he denominado tipo mixto, es una variación sencilla del carpetano, del que sólo se diferencia por incorporar una verdugada, simple o doble, de ladrillo cocido lo que supone una transición sencilla hacia el tipo austria lo que justifica lo de “mixto”, y que se destina, en varios casos, a usos funcionales.
De nuevo las diferencias entre unas y otras aplicaciones de este tipo mixto se basan en la las características del cemento de unión del pedernal y, ahora, del número de verdugadas de ladrillo y de la llaga de esas verdugadas.
Son ejemplos de este tipo: la fachada norte de San Pedro, sobre la calle Segovia con una única verdugada; la Torre de los Lujanes en especial la fachada de la calle del Codo; la tapia de los jardines Príncipe de Anglona, al final de la costanilla de San Andrés o; los calabozos de la Cárcel de la Corona, que por cierto guardan cierto parecido con los conductos subterráneos de la Cuesta de los Ciegos.
Llegamos así al tipo austria, que es el que focaliza la atención del reciclado del pedernal; el prototipo. No es otra cosa que la transformación del uso estructural del pedernal en el tipo carpetano, en un uso ornamental, con un paso intermedio de carácter funcional, en el tipo mixto.
El pedernal se incorpora a las fachadas para que el pueblo madrileño se sienta “seguro” bajo este arquetipo de protección. Los arquitectos lo alojaron en cuarteles, con un material aglomerante, y los cuarteles los enmarcaron con ladrillo cocido, dando lugar al estilo Austria, que está complementado con los tejados de pizarra, para hacer que Don Eugenio D’Ors pudiera describirlo con tanto cariño y acierto, dejando al margen su error petrográfico al identificar las mampostas con granito.
Los ejemplos de este tipo austria son tan numerosos que basta con citar algunos de ellos: el ábside de la Capilla del Obispo; San Nicolás; San Ginés; el Carmen; la Encarnación; las Descalzas; los Jerónimos; la Casa de Cisneros; las Siete Chimeneas; la Casilla; las Cercas; etc.
Las combinaciones de estos elementos básicos (los cuarteles de pedernal y el ladrillo circundante) son numerosas en origen y aún más con las sucesivas restauraciones.
Como norma general, la longitud y anchura de los cuarteles se adaptan a las dimensiones de la fachada en la que se ubican, pero siempre se alternan en vertical dos longitudes distintas. En estos cuarteles, el pedernal puede lucir con todo su volumen (ver San Nicolás) o estar hundido en el aglomerante (ver la Casilla) e incluso minimizado por una llaga de separación (ver las Descalzas)
En la mayoría de los casos, los cuarteles de pedernal aparecen hundidos o al mismo nivel que el ladrillo, aunque hay algunos casos en los que sobresale de forma evidente como sucede en la reconstrucción de la Cerca de Felipe IV y en los restos reales de la calle Toledo 70, en el Corralón, o en la fachada del Museo de los Orígenes.
En cuanto al ladrillo, la primera variedad es el número de verdugadas que separan los cuarteles, que en general son dos, pero no faltan ejemplo de una sola (ver las Descalzas)
La segunda, y gran diferencia visual, es la naturaleza de la llaga. Parece lógico pensar que, en principio, la llaga estuviera hundida (por eso se la llama “llaga”) pero en las distintas restauraciones algunos responsables optaron por rellenarlas o blanquearlas. Quizás el caso más extremo es el del Colegio de la Asunción (en origen la Casilla de Antonio Pérez) en donde la llaga ha pasado a “listón” blanco.
En cualquier caso, sea cual sea la longitud de los cuarteles, el volumen relativo del pedernal y su aglomerante, el número de verdugadas de ladrillo cocido o el volumen y color de la llaga que lo separa, el tipo Austria es un conjunto de enorme plasticidad con el que cualquier madrileño, de origen o adoptado, se debe sentir identificado y protegido.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Diálogos de piedra y agua

Para practicar uno de mis deportes favoritos, el ojeo de libros, entré un día del verano pasado en la librería de Hoyo de Manzanares. Durante la revisión de estantes y mesas, un libro llamó mi atención; su rápido hojeo (maravilloso idioma el nuestro, que con solo introducir una consonante que ni suena, se obtiene un nuevo y útil verso) me permitió comprobar que su autor, Ricardo Martín García, había conseguido uno de esos ejemplos  de descripción inteligente apoyada en magníficas fotografías de dos ciudades tan particulares y únicas como Venecia y Toledo, demostrando que en lo morfológico son, en buena medida, el resultado del abrazo de lo más duro, la piedra, y lo más liviano, el agua, y de ahí sacó el autor el título: Diálogos de piedra y agua.  

¿Y por qué llamó mi atención ese título?, pues porque lo conecté en mi cabeza con el primitivo lema de los orígenes de Madrid: Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son..., y desde entonces he estado dándole vueltas a la idea de compartir algunas reflexiones al respecto. Aquí están.

Piedra y agua: Si el agua es equivalente de vida, la piedra viene siendo una compañera fiel del hombre desde los albores de la humanidad, al que ha prestado su fuerza y dureza, para construir sus herramientas y facilitar su existencia.

La geología nos brinda numerosos ejemplos del resultado del abrazo de ambos, unas veces de carácter primordialmente físico y mecánico, y otras en las que la química es predominante, y sin salir de nuestro país encontramos un buen número de ellos, ante los podemos quedarnos boquiabiertos.
Tajo de Ronda,
con su Puente nuevo

Ronda (lugar de nacimiento de mi padre, a quien gustaba recordarnos que nosotros éramos oriundos de ella) y Cuenca son ciudades a las que el diálogo entre piedra y agua ha hermanado. En el primer caso, el Guadalevín y en el segundo, el Júcar y el Huécar, han ido excavando con paciencia las calizas, abriendo profundos abismos, en los que los habitantes de una y otra se vieron obligados a colgar sus casas, despreciando la ley de la gravedad, lo que ahora es celebrado por visitantes de todo el mundo con sus cámaras y demás artilugios multimedia.

Cuenca, con sus Casas colgadas
Es claro que la piedra es la que sale perdiendo en este diálogo porque al no poder moverse tiene que ver, estoicamente, cómo el agua la erosiona, ataca a sus componentes debilitándola, la disuelve parcialmente, la penetra, se hiela, se expande y la rompe, y así siglo tras siglo, milenio tras milenio, periodo tras periodo, aprovechando que la piedra permanece y que el agua se releva de continuo. Parafraseando a Heráclito, se puede decir que una piedra nunca será erosionada dos veces por la misma agua.

Al agua no se le pone nada por medio;  le da lo mismo las calizas y areniscas de las Hoces del Duratón, que los granitos de los Arribes del Duero o las lanchas de la Boca del Asno.
Hoces del Duratón
Arribes del Duero
Boca del Asno













Por cierto, que cada vez que tengo ocasión de asomarme a este rincón del Eresma, para mi tan madrileño como segoviano, me uno de corazón a aquel verso de la guantanemera en el que José Martí proclama que el arroyo de la sierra le complace más que el mar.

Cueva de El Soplao, Cantabria
Geoda de yeso
No es lugar para extenderse en los miles y miles de hermosos ejemplos de los de la erosión del agua, tanto en dentro como fuera de España, en forma de cataratas, cañones, acantilados, desiertos, etc., pero sí lo es para recordar que existen otros llamativos resultados del diálogo entre piedra y agua, cuando la acción predominante es de tipo químico. La disolución de determinados elementos y su posterior deposición da lugar, por ejemplo, a las maravillosas oquedades cubiertas de de estalactitas y estalagmitas, de las que en España tenemos tantos y maravillosas muestras, como la de la Cueva del Soplao, en Cantabria, u otros sorprendentes resultados de la deposición química, como es el caso de la geoda gigante de Pulpi, en Almería, que junto a la andina de Naica, nos dicen de dónde sacaron los creadores de Superman la idea de su coqueto refugio polar.

El Diálogo madrileño
Por apasionantes que sean los ejemplos anteriores, que lo son, nada tiene que ver con la expresión que Madrid ha dado desde sus inicios al diálogo entre el agua y la piedra, personalizada en este caso por el pedernal. Madrid no es testigo de la interacción telúrica del agua sobre el pedernal, que por otra parte sin llegar a ser inmune a tales ataques, resulta altamente resistente a ellos por su homogeneidad física y química, Madrid ha asistido a la connivencia del agua y del pedernal, a su unión libre y mutuamente consentida, para forjar la naturaleza y el carácter de la ciudad y sus habitantes, tal como se recogió con acierto en ese primer lema de su escudo primigenio.

Decir Madrid es decir agua. Sea cual sea la hipótesis sobre el origen de su nombre que salga victoriosa del debate entre los eruditos, es decir, ya sea el mayrit o el magrit árabes, que parecen provenir de magra: cauce de río, como si procede del hispano-visigótico: matrice, que significa matriz o fuente, nos encontramos que el nombre está ligado a las aguas que circulaban por lo que luego se llamó el Arroyo de San Pedro y hoy es la calle de Segovia, y permitieron y aconsejaron el asentamiento de los primeros pobladores en sus laderas, junto a unas fértiles vegas y una caza accesible.

Y del pedernal ¿qué decir de nuevo en este blog, cuando ya he propugnado la idea de que sea un arquetipo surgido del inconsciente colectivo del pueblo madrileño? Desde sus más recónditos pliegues de su historia, el madrileño (ya fuera un carpetano más, un hispano romano, un visigodo, un árabe o un cristiano) ha confiado su seguridad pasiva al pedernal.

Pero además, ambos elementos han ido extendiendo sus redes y relaciones con la historia y la idiosincrasia madrileña a lo largo de la historia. Sin ir más lejos, nuestro Santo patrón, San Isidro, respira agua por los cuatro costados, y no me refiero al sudor, ya que todos sabemos que el trabajo se lo hacían los ángeles. Él, que ha pasado a los altares como Isidro el Labrador, en sus orígenes lo que fue es un pocero, al parecer muy bueno y gracias a ello ganó fama, confianza y posición con los Vargas. Pero además buena parte de sus milagros están ligados al agua: el paseo acuático de su pura y honesta esposa, María, sobre las aguas del Jarama, a pie enjuto y, sobre todo, el milagroso rescate de Illán caído dentro del pozo, son buena y suficiente muestra de la interacción del agua y nuestro Santo.

Viaje de Amaniel
También son importantes algunas interacciones directas entre el agua y el pedernal, como es el caso de las conducciones de agua, inicialmente, los qanats árabes y posteriormente los viajes como el del Amaniel o del Palacio, que traían las aguas finas y gordas a la población. En estas traídas, suele aparecer el pedernal en sus muros y bóvedas, garantizando la estabilidad y la falta de contaminación de las aguas. Otras muchas de esas conducciones minan el subsuelo madrileño, tal como nos muestra en diversas entradas Mercedes Gómez, en su inigualable blog, Arte en Madrid.

Queda establecido, pues, que en mi opinión el diálogo entre piedra y agua en Madrid, no tomó forma de dominación forzosa del agua erosionando la piedra, ni tampoco de fértil disolución y deposición de nuevas sustancias, sino de matrimonio bien avenido, en el que uno y otra aportaron sus características propias para llegar a una coyunda perfecta, que ha conformado el alma y el sentir de una ciudad. Es una unión que recuerda el tanto monta de Isabel y Fernando, raíz de lo que era, al menos hasta hace unos años, la nación española.

viernes, 31 de enero de 2014

Las Cercas y la Maqueta de Gil de Palacio

En la entrada sobre la Cerca de Felipe IV y Fulano y Mengano recibí un Comentario de Manuel Ávila, amigo de la infancia de los que cada vez quedan menos y no desgraciadamente por  causa de una hipotética desafección, se refería a una foto que en su día insertó ABC de la Maqueta del León Gil de Palacio. Contesté a Manolo, pero me quedé con la copla porque sabía que en la Maqueta estaban bien reproducidas las cercas de Madrid y me emplacé a mi mismo para volver a verla y estudiarla en cuanto tuviera ocasión. La ocasión se ha presentado, la he aprovechado y comparto aquí lo que he obtenido de ella..., que me parece que no es poco.

Vaya por delante mi reconocimiento hacia Gil de Palacio, ese cartógrafo barcelonés, que confeccionó una Maqueta del Madrid de 1830 que es una auténtica joya, razón más que suficiente para que cada vez que me refiera a ella lo haga con mayúscula: La Maqueta. Si en el blog he incluido un agradecimiento expreso a Pedro Texeira, es porque su Topografía estaba más cercana en el tiempo al contenido e intenciones genérico de La Muralla Reciclada que la Maqueta, pero ésta y su autor merecen el agradecimiento sincero de todos cuantos amamos a esta ciudad.

El Museo Municipal de Madrid sigue ahí, esperando su reapertura, según me dicen, para finales de este año, pero eso sí, sirviendo de marco a la Maqueta de Gil de Palacio, a la que me aproximé casi con devoción, tras haber pedido permiso para "echar" algunas fotos, desde luego, sin flash. Una cosa que no entiendo es por qué la Maqueta está al nivel del suelo; es cierto que esto permite la visión de conjunto, pero si estuviera sobre una tarima de unos sesenta centímetros de altura, la panorámica sería similar, y no habría que ponerse en cuclillas para fotografiarla, cosa que a mis años... En cualquier caso, el resultado de mis pesquisas es el siguiente:

Cerca de Felipe IV: La Maqueta permite ver en toda su extensión el tramo de Cerca que limitaba aquel Madrid por el oeste, al que me refiero en la citada entrada de Fulano y Mengano.

A la izquierda, la Cerca hasta la calle del Rosario; a la derecha, el Portillo de Gil Imon
La Cerca serpenteaba confinando los jardines de la finca del Duque de Osuna (tal como lo hace en la actualidad la tapia de la Alameda de Osuna) y, en su continuación, al Convento e Iglesia de San Francisco. A continuación "echaba" el cierre a las calles del Rosario y de San Bernabé, aunque permitía el acceso extramuros gracias al Portillo de Gil Imon. En el final de la calle de San Bernabé se puede ver la tapia del Hospital de la VOT, que según Gil de Palacio, también parece estar integrada por ladrillo y pedernal; hoy es sólo de ladrillo.

- La Cerca de Felipe II (?): En la entrada dedicada al Corralón, propongo que la existencia de su muro norte, compuesto por ladrillo y pedernal se puede explicar por la presencia de un resto de la cerca de Felipe II.

Mientras esperamos la realización de unos análisis para datar los ladrillos, no dejo de intentar obtener información adicional al respecto, y en la Maqueta he encontrado algo que merece al menos un comentario

Caserío en el que hoy está ubicado el Corralón y, en él, el Museo de Artes y Tradiciones Populares

El caserío marcado está limitado, al oeste, por la actual calle de Carlos Arniches, al este, por la Ribera de Curtidores y, al norte, por un trozo de la calle Mira el Río Alta ¡que ya no existe! En efecto, en la actualidad, esta calle termina en la de Carlos Arniches. Cuando nuestro artillero Gil de Palacio confeccionó su Maqueta, es decir, hacia 1830, la calle llegaba hasta el Rastro y aún estaba sin construir el Corralón, hecho que tuvo lugar hacia 1860.

Pues bien, lo que me interesa resaltar es que en el lado norte de ese caserío, limitado por la calle Mira el Río Alta, se puede ver con nitidez una valla, tapia o cerca de cierta altura. Desgraciadamente no he podido ver el lado de esa tapia que dada a la calle y comprobar si Don León la decoró como las cercas (con ladrillo y pedernal), porque la disposición de la Maqueta me lo impidió, pero me parece un dato más en favor de la hipótesis propuesta en favor de la Cerca de Felipe II.

Cuando se construyó el Corralón debió respetarse la valla-tapia-cerca, sin practicar en ella ninguna apertura de puertas o ventanas, de forma tal que el siguiente paso fue construir nuevas casas adosadas a la valla-tapia-cerca, ciegas en su lado sur y abiertas en el norte a la Plaza del Rey, y cortar el trazado anterior de la calle Mira el Río Alta. Encuentro estos datos muy sugerentes .

- La Cuesta de los Ciegos:
Otro de los temas sobre los que he mostrado mis dudas, y que han producido alguna controversia con viejos amigos en los Comentarios, ha sido el de la presencia del pedernal en la Cuesta de los Ciegos.

Construcciones de la Cuesta de los Ciegos, limitadas en su parte inferior por una valla-cerca-tapia
También en este caso la Maqueta me ha arrojado nuevas luces. Como nos muestra Gil de Palacios, hacia 1830, en la Cuesta existía unas construcciones que estaban limitadas en su parte inferior por lienzos de un cerca, a un lado y otro de lo que hoy son las Escalerillas. El resto eran descampados y terraplenes que han sido felizmente  sustituidos por las casas y jardines de Las Vistillas.

En lo que a mi corresponde, doy por satisfecha mi curiosidad sobre el origen del pedernal que existe hacia la mitad de las Cuesta: Derivan, de una u otra forma, de esa valla-tapia-cerca.

Mi sincero agradecimiento al Coronel León Gil de Palacio y su Maqueta.