miércoles, 25 de noviembre de 2015

Los blogueros de Madrid

Hace un par de días, el pasado 23 de noviembre, asistí a una Mesa Redonda de blogueros de Madrid, organizada por la Asociación de Editores de Madrid, que se celebró en la Biblioteca Regional Joaquín Leguina.

La Mesa estuvo integrada por: Eduardo Valero (Historia urbana de Madrid), Ricardo Márquez (Historias Matritenses), Carlos Osorio (Caminando por Madrid) y Ramón Rivas (Es Madrid no Madriz), con la moderación de Miguel Tébar (Ediciones La Librería).

Lo primero que llama la atención es la gran variedad de estilos, profundidades, extensiones y finalidades de los cuatro blogs, lo que avala la validez de los distintos acercamientos a esa entrañable realidad que es Madrid desde sensibilidades muy distintas.

Instigados convenientemente por Miguel Tébar, los "madriblogueros" pasaron revista a los principales temas que les son comunes, como es el caso del esfuerzo y la dedicación; de la falta de apoyos institucionales; de la respuesta positiva de los seguidores; de la dificultad para acceder a determinadas fuentes, sobre todo gráficas; de la mala práctica sufrida del corta y pega, sin citar el origen; o de la ausencia de compensación económica. Todo ello configura la confección y el mantenimiento de estos blogs como una actividad altruista, que sólo se explica por el cariño a Madrid y por la satisfacción personal que proporciona, en primer término, el hallazgo de nuevos datos y descubrimientos y, en segundo, la comunicación y acogida de los seguidores.

Lo que resultó evidente desde el inicio del encuentro es que en el ambiente flotaba una elevada complicidad entre quienes estaban en la mesa y quienes ocupábamos las butacas. Fruto de esa complicidad fue la intervención de uno de los asistentes que sugirió que quienes incorporan a sus blogs estas investigaciones, tras haber buscado datos en diferentes archivos y haberlos contrastado, tras haber recopilado material gráfico, en no pocas ocasiones a título oneroso, tras haber recabado información oral de los testigos directos,..., ¡merecían que se les hiciera un monumento!

Comparto mi admiración y agradecimiento a los autores de estos y otros blogs que consulto habitualmente y que me proporcionan ideas e información muy valiosa, y ya que no dispongo de medios para lo del monumento, al menos quiero dedicarles el breve pero sincero homenaje de esta entrada, que seguramente eliminaré pasado un tiempo prudencial, ya que es un cuerpo extraño en el contexto de La Muralla.

Pero quiero poner un ejemplo concreto de mi admiración y agradecimiento. Cuando estaba recabando datos para elaborar la entrada: Cerca de Felipe IV: Fulano y Mengano, me encontré en las Historias Matritenses de Ricardo Márquez una foto (que reproduje citando el origen) en la que se inmortalizaba el  momento de la voladura de la casa de mi abuela, que me emocionó. La casa tenía su entrada por la calle de San Bernabé pero, tras atravesar un patio "acorralado", se llegaba a la vivienda de mi abuela Pepa, cuyo balcón daba a la calle del Rosario; en ese balcón, un buen día introduje la cabeza entre sus barrotes y hubo que recurrir al jabón para volver a la situación normal. Para mi, tener documentado ese doloroso momento, es impagable, y se lo debo al trabajo de Ricardo.

Cuando alguien me ha hecho llegar un comentario similar a éste, porque algo de este sencillo blog le ha hecho recordar  su pasado o el de su familia, encuentro totalmente justificado y compensado el esfuerzo o la molestia que me ha llevado realizarlo.

Por todo ello, a los cuatro componentes de la Mesa y a los demás "madriblogueros":
MUCHAS, Y MONUMENTALES, GRACIAS.


lunes, 30 de marzo de 2015

EL LIBRO

En un principio fue el Libro...

Tan bíblico inicio tiene su explicación. A finales del 2008 abordé la autoedición onerosa de una primera versión de La Muralla Reciclada. Se trataba de un "librito" de 165x220 que constaba de 93 páginas.
Edición de 2008

Su acogida entre amigos y familiares fue muy reconfortante pero por diversos motivos no tuvo promoción alguna y, aunque intenté una tímida incorporación al circuito comercial, el reducido número de ejemplares editados coartó desde su inicio una mínima difusión.

Pero el problema surgió cuando la información recogida en el texto empezó a quedarse pequeña por el continuo hallazgo de nuevas aplicaciones del pedernal en los edificios y usos urbanos de Madrid, que me situaron ante el reto de complementar lo escrito y compartir dichos hallazgos. Intenté confeccionar un Apéndice con medios "caseros" (de hecho lo hice, en diciembre de 2012)  pero me dejó muy insatisfecho. 

Estando en ello se me cruzó Mercedes Gómez que me sugirió la apertura de un blog. La hice caso, y le estoy muy agradecido, ya que ello me ha permitido ir ampliando la información e interactuar con quienes tiene la amabilidad de consultarlo y aportar sus propios puntos de vista. Aprecio, y mucho, las capacidades de esta forma de comunicación que nos ha proporcionado la tecnología informática. Abrí el blog en el mismo mes de diciembre de 2012 y, pese a sus evidentes limitaciones temáticas, lleva recibidas a día de hoy  cerca de 26.000 visitas, lo que me parece increíble.
Edición de 2015

Todo está muy bien, pero pertenezco a esas generaciones "preinformáticas" para las que la letra impresa es la portadora de la cultura y la comunicación (de hecho tengo varios buenos amigos que, en eso de la informática, están sin alfabetizar) por lo que en cuanto he encontrado un hueco y he encontrado una editorial  (Visionnet) que me ha proporcionado confianza, me he lanzado a esta nueva aventura, aunque ahora con más y mejores mimbres que hace 7 años.

Pese a ser consciente de que seguiré encontrando nuevos hallazgos y de que deberé matizar muchos de los temas expuestos, he confeccionado una nueva versión de  la muralla, en formato 170x240, que ocupa 175  páginas, lo que significa evidentemente que el contenido se ha incrementado de forma sensible y justifica el subtítulo que he utilizado:  Edición corregida y muy aumentada.

Al haber recurrido a los servicios de Visionnet el Libro va a estar accesible, además de en la Editorial, en los circuitos comerciales habituales, tanto en papel como en bits (eBook) para seguir aprovechando las facilidades de la informática.

Lamento haber "umbraleado" (hablar de mi libro) pero supongo que se entiende.

    http://www.visionnet-libros.com/detalles.asp?id_Productos=14253










jueves, 11 de septiembre de 2014

ÍNDICE

ÍNDICE


EL AUTOR Y SU MADRID

LA MURALLA
Presentación
La muralla de Madrid
La muralla de fuego: El pedernal
Avatares de la muralla: Un poco de historia
Madrid Capital de España
Los restos de la muralla
La reutilización del pedernal
Encuadre cronológico
Encuadre espacial
Madrid y sus otras alternativas
El pedernal: "arquetipo" madrileño
Diálogos de piedra y agua
Tipología del uso del pedernal
Capilla del Obispo
San Pedro el Viejo
San Nicolás
San Ginés
Nuestra Señora del Carmen
Monasterio de las Descalzas Reales
San Jerónimo el Real
Monasterio de la Encarnación
Sede de la UGT (Convento de las Arrecogidas)



OTROS PEDERNALES








Tipología del uso del pedernal

Cuando se pasa revista visual a las distintas estructuras en las que los madrileños han ubicado el pedernal en sus iglesias, conventos, palacios, casas u otros usos urbanos, se puede observar una aparente gran variedad de combinaciones del pedernal y del ladrillo, variedad que se ha ido incrementando con el paso del tiempo y las sucesivas reformas (mejoras y peoras) que los responsables han ido introduciendo según han creído oportuno en cada momento.
No obstante, tras darle unas cuantas vueltas al asunto, entiendo que toda esa aparente variedad se puede reducir a dos únicos tipos de uso: el carpetano (con una ligera variante que permitiría hablar de un tipo mixto) y el austria.
El que llamo tipo carpetano, no es otro que el continuador del uso que del pedernal hizo el pueblo carpetano durante siglos, es decir, utilizar el pedernal como mamposta para construir las zapatas y los zócalos de las edificaciones que les proporcionaba estabilidad y les garantizaba el aislamiento térmico y les resguardaba de las humedades.
Se trata, pues, de un uso básicamente estructural, en el que el pedernal aparece sólo, acompañado de un material de relleno que asegura su trabazón. Las principales diferencias entre unos y otros casos se deben, precisamente, al volumen de ese material de ligazón y, en general, son fruto de las sucesivas operaciones de rehabilitación bienintencionada.
Sin tratar de ser exhaustivo, el tipo carpetano puede apreciarse en reciclados tan notables como: San Nicolás (fachada de la calle del Biombo); Casa de Juan de Ciriza; Palacio del Marquésde Camarasa (fachada de la calle de Segovia); Palacio de la Vera; casas de la parte inferior de la Costanilla de San Andrés y de la calle del Toro y, desde luego; esa casa “desaparecida” de la Travesía de las Vistillas que está en el origen de mis elucubraciones.
En cuanto a los efectos de las “restauraciones”, no hay mejor ejemplo que el de la fachada oeste de la Capilla del Obispo; la comparación del antes y el después pone de manifiesto que el restaurador decidió, en su momento que la “llaga es bella” y la recreció hasta que casi no permite ver el pedernal.
El pedernal carpetano del nº 6 de la costanilla de San Andrés ha sido cubierto en septiembre de 2014 en ese continuo vaivén que es la rehabilitación de edificios. Sepamos los amantes de Madrid que ahí debajo está el pedernal.
No parece lógico terminar la descripción del tipo carpetano sin recordar su aplicación estelar en la muralla de Madrid, ya sea en su versión árabe o en la cristiana. 
El lienzo conservado en el Palacio del Marqués de Villafranca que ahora alberga la Real Academia de Ingeniería, muestra el pedernal rodeado del material aglomerante.
El segundo tipo, que he denominado tipo mixto, es una variación sencilla del carpetano, del que sólo se diferencia por incorporar una verdugada, simple o doble, de ladrillo cocido lo que supone una transición sencilla hacia el tipo austria lo que justifica lo de “mixto”, y que se destina, en varios casos, a usos funcionales.
De nuevo las diferencias entre unas y otras aplicaciones de este tipo mixto se basan en la las características del cemento de unión del pedernal y, ahora, del número de verdugadas de ladrillo y de la llaga de esas verdugadas.
Son ejemplos de este tipo: la fachada norte de San Pedro, sobre la calle Segovia con una única verdugada; la Torre de los Lujanes en especial la fachada de la calle del Codo; la tapia de los jardines Príncipe de Anglona, al final de la costanilla de San Andrés o; los calabozos de la Cárcel de la Corona, que por cierto guardan cierto parecido con los conductos subterráneos de la Cuesta de los Ciegos.
Llegamos así al tipo austria, que es el que focaliza la atención del reciclado del pedernal; el prototipo. No es otra cosa que la transformación del uso estructural del pedernal en el tipo carpetano, en un uso ornamental, con un paso intermedio de carácter funcional, en el tipo mixto.
El pedernal se incorpora a las fachadas para que el pueblo madrileño se sienta “seguro” bajo este arquetipo de protección. Los arquitectos lo alojaron en cuarteles, con un material aglomerante, y los cuarteles los enmarcaron con ladrillo cocido, dando lugar al estilo Austria, que está complementado con los tejados de pizarra, para hacer que Don Eugenio D’Ors pudiera describirlo con tanto cariño y acierto, dejando al margen su error petrográfico al identificar las mampostas con granito.
Los ejemplos de este tipo austria son tan numerosos que basta con citar algunos de ellos: el ábside de la Capilla del Obispo; San Nicolás; San Ginés; el Carmen; la Encarnación; las Descalzas; los Jerónimos; la Casa de Cisneros; las Siete Chimeneas; la Casilla; las Cercas; etc.
Las combinaciones de estos elementos básicos (los cuarteles de pedernal y el ladrillo circundante) son numerosas en origen y aún más con las sucesivas restauraciones.
Como norma general, la longitud y anchura de los cuarteles se adaptan a las dimensiones de la fachada en la que se ubican, pero siempre se alternan en vertical dos longitudes distintas. En estos cuarteles, el pedernal puede lucir con todo su volumen (ver San Nicolás) o estar hundido en el aglomerante (ver la Casilla) e incluso minimizado por una llaga de separación (ver las Descalzas)
En la mayoría de los casos, los cuarteles de pedernal aparecen hundidos o al mismo nivel que el ladrillo, aunque hay algunos casos en los que sobresale de forma evidente como sucede en la reconstrucción de la Cerca de Felipe IV y en los restos reales de la calle Toledo 70, en el Corralón, o en la fachada del Museo de los Orígenes.
En cuanto al ladrillo, la primera variedad es el número de verdugadas que separan los cuarteles, que en general son dos, pero no faltan ejemplo de una sola (ver las Descalzas)
La segunda, y gran diferencia visual, es la naturaleza de la llaga. Parece lógico pensar que, en principio, la llaga estuviera hundida (por eso se la llama “llaga”) pero en las distintas restauraciones algunos responsables optaron por rellenarlas o blanquearlas. Quizás el caso más extremo es el del Colegio de la Asunción (en origen la Casilla de Antonio Pérez) en donde la llaga ha pasado a “listón” blanco.
En cualquier caso, sea cual sea la longitud de los cuarteles, el volumen relativo del pedernal y su aglomerante, el número de verdugadas de ladrillo cocido o el volumen y color de la llaga que lo separa, el tipo Austria es un conjunto de enorme plasticidad con el que cualquier madrileño, de origen o adoptado, se debe sentir identificado y protegido.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Diálogos de piedra y agua

Para practicar uno de mis deportes favoritos, el ojeo de libros, entré un día del verano pasado en la librería de Hoyo de Manzanares. Durante la revisión de estantes y mesas, un libro llamó mi atención; su rápido hojeo (maravilloso idioma el nuestro, que con solo introducir una consonante que ni suena, se obtiene un nuevo y útil verso) me permitió comprobar que su autor, Ricardo Martín García, había conseguido uno de esos ejemplos  de descripción inteligente apoyada en magníficas fotografías de dos ciudades tan particulares y únicas como Venecia y Toledo, demostrando que en lo morfológico son, en buena medida, el resultado del abrazo de lo más duro, la piedra, y lo más liviano, el agua, y de ahí sacó el autor el título: Diálogos de piedra y agua.  

¿Y por qué llamó mi atención ese título?, pues porque lo conecté en mi cabeza con el primitivo lema de los orígenes de Madrid: Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son..., y desde entonces he estado dándole vueltas a la idea de compartir algunas reflexiones al respecto. Aquí están.

Piedra y agua: Si el agua es equivalente de vida, la piedra viene siendo una compañera fiel del hombre desde los albores de la humanidad, al que ha prestado su fuerza y dureza, para construir sus herramientas y facilitar su existencia.

La geología nos brinda numerosos ejemplos del resultado del abrazo de ambos, unas veces de carácter primordialmente físico y mecánico, y otras en las que la química es predominante, y sin salir de nuestro país encontramos un buen número de ellos, ante los podemos quedarnos boquiabiertos.
Tajo de Ronda,
con su Puente nuevo

Ronda (lugar de nacimiento de mi padre, a quien gustaba recordarnos que nosotros éramos oriundos de ella) y Cuenca son ciudades a las que el diálogo entre piedra y agua ha hermanado. En el primer caso, el Guadalevín y en el segundo, el Júcar y el Huécar, han ido excavando con paciencia las calizas, abriendo profundos abismos, en los que los habitantes de una y otra se vieron obligados a colgar sus casas, despreciando la ley de la gravedad, lo que ahora es celebrado por visitantes de todo el mundo con sus cámaras y demás artilugios multimedia.

Cuenca, con sus Casas colgadas
Es claro que la piedra es la que sale perdiendo en este diálogo porque al no poder moverse tiene que ver, estoicamente, cómo el agua la erosiona, ataca a sus componentes debilitándola, la disuelve parcialmente, la penetra, se hiela, se expande y la rompe, y así siglo tras siglo, milenio tras milenio, periodo tras periodo, aprovechando que la piedra permanece y que el agua se releva de continuo. Parafraseando a Heráclito, se puede decir que una piedra nunca será erosionada dos veces por la misma agua.

Al agua no se le pone nada por medio;  le da lo mismo las calizas y areniscas de las Hoces del Duratón, que los granitos de los Arribes del Duero o las lanchas de la Boca del Asno.
Hoces del Duratón
Arribes del Duero
Boca del Asno













Por cierto, que cada vez que tengo ocasión de asomarme a este rincón del Eresma, para mi tan madrileño como segoviano, me uno de corazón a aquel verso de la guantanemera en el que José Martí proclama que el arroyo de la sierra le complace más que el mar.

Cueva de El Soplao, Cantabria
Geoda de yeso
No es lugar para extenderse en los miles y miles de hermosos ejemplos de los de la erosión del agua, tanto en dentro como fuera de España, en forma de cataratas, cañones, acantilados, desiertos, etc., pero sí lo es para recordar que existen otros llamativos resultados del diálogo entre piedra y agua, cuando la acción predominante es de tipo químico. La disolución de determinados elementos y su posterior deposición da lugar, por ejemplo, a las maravillosas oquedades cubiertas de de estalactitas y estalagmitas, de las que en España tenemos tantos y maravillosas muestras, como la de la Cueva del Soplao, en Cantabria, u otros sorprendentes resultados de la deposición química, como es el caso de la geoda gigante de Pulpi, en Almería, que junto a la andina de Naica, nos dicen de dónde sacaron los creadores de Superman la idea de su coqueto refugio polar.

El Diálogo madrileño
Por apasionantes que sean los ejemplos anteriores, que lo son, nada tiene que ver con la expresión que Madrid ha dado desde sus inicios al diálogo entre el agua y la piedra, personalizada en este caso por el pedernal. Madrid no es testigo de la interacción telúrica del agua sobre el pedernal, que por otra parte sin llegar a ser inmune a tales ataques, resulta altamente resistente a ellos por su homogeneidad física y química, Madrid ha asistido a la connivencia del agua y del pedernal, a su unión libre y mutuamente consentida, para forjar la naturaleza y el carácter de la ciudad y sus habitantes, tal como se recogió con acierto en ese primer lema de su escudo primigenio.

Decir Madrid es decir agua. Sea cual sea la hipótesis sobre el origen de su nombre que salga victoriosa del debate entre los eruditos, es decir, ya sea el mayrit o el magrit árabes, que parecen provenir de magra: cauce de río, como si procede del hispano-visigótico: matrice, que significa matriz o fuente, nos encontramos que el nombre está ligado a las aguas que circulaban por lo que luego se llamó el Arroyo de San Pedro y hoy es la calle de Segovia, y permitieron y aconsejaron el asentamiento de los primeros pobladores en sus laderas, junto a unas fértiles vegas y una caza accesible.

Y del pedernal ¿qué decir de nuevo en este blog, cuando ya he propugnado la idea de que sea un arquetipo surgido del inconsciente colectivo del pueblo madrileño? Desde sus más recónditos pliegues de su historia, el madrileño (ya fuera un carpetano más, un hispano romano, un visigodo, un árabe o un cristiano) ha confiado su seguridad pasiva al pedernal.

Pero además, ambos elementos han ido extendiendo sus redes y relaciones con la historia y la idiosincrasia madrileña a lo largo de la historia. Sin ir más lejos, nuestro Santo patrón, San Isidro, respira agua por los cuatro costados, y no me refiero al sudor, ya que todos sabemos que el trabajo se lo hacían los ángeles. Él, que ha pasado a los altares como Isidro el Labrador, en sus orígenes lo que fue es un pocero, al parecer muy bueno y gracias a ello ganó fama, confianza y posición con los Vargas. Pero además buena parte de sus milagros están ligados al agua: el paseo acuático de su pura y honesta esposa, María, sobre las aguas del Jarama, a pie enjuto y, sobre todo, el milagroso rescate de Illán caído dentro del pozo, son buena y suficiente muestra de la interacción del agua y nuestro Santo.

Viaje de Amaniel
También son importantes algunas interacciones directas entre el agua y el pedernal, como es el caso de las conducciones de agua, inicialmente, los qanats árabes y posteriormente los viajes como el del Amaniel o del Palacio, que traían las aguas finas y gordas a la población. En estas traídas, suele aparecer el pedernal en sus muros y bóvedas, garantizando la estabilidad y la falta de contaminación de las aguas. Otras muchas de esas conducciones minan el subsuelo madrileño, tal como nos muestra en diversas entradas Mercedes Gómez, en su inigualable blog, Arte en Madrid.

Queda establecido, pues, que en mi opinión el diálogo entre piedra y agua en Madrid, no tomó forma de dominación forzosa del agua erosionando la piedra, ni tampoco de fértil disolución y deposición de nuevas sustancias, sino de matrimonio bien avenido, en el que uno y otra aportaron sus características propias para llegar a una coyunda perfecta, que ha conformado el alma y el sentir de una ciudad. Es una unión que recuerda el tanto monta de Isabel y Fernando, raíz de lo que era, al menos hasta hace unos años, la nación española.

viernes, 31 de enero de 2014

Las Cercas y la Maqueta de Gil de Palacio

En la entrada sobre la Cerca de Felipe IV y Fulano y Mengano recibí un Comentario de Manuel Ávila, amigo de la infancia de los que cada vez quedan menos y no desgraciadamente por  causa de una hipotética desafección, se refería a una foto que en su día insertó ABC de la Maqueta del León Gil de Palacio. Contesté a Manolo, pero me quedé con la copla porque sabía que en la Maqueta estaban bien reproducidas las cercas de Madrid y me emplacé a mi mismo para volver a verla y estudiarla en cuanto tuviera ocasión. La ocasión se ha presentado, la he aprovechado y comparto aquí lo que he obtenido de ella..., que me parece que no es poco.

Vaya por delante mi reconocimiento hacia Gil de Palacio, ese cartógrafo barcelonés, que confeccionó una Maqueta del Madrid de 1830 que es una auténtica joya, razón más que suficiente para que cada vez que me refiera a ella lo haga con mayúscula: La Maqueta. Si en el blog he incluido un agradecimiento expreso a Pedro Texeira, es porque su Topografía estaba más cercana en el tiempo al contenido e intenciones genérico de La Muralla Reciclada que la Maqueta, pero ésta y su autor merecen el agradecimiento sincero de todos cuantos amamos a esta ciudad.

El Museo Municipal de Madrid sigue ahí, esperando su reapertura, según me dicen, para finales de este año, pero eso sí, sirviendo de marco a la Maqueta de Gil de Palacio, a la que me aproximé casi con devoción, tras haber pedido permiso para "echar" algunas fotos, desde luego, sin flash. Una cosa que no entiendo es por qué la Maqueta está al nivel del suelo; es cierto que esto permite la visión de conjunto, pero si estuviera sobre una tarima de unos sesenta centímetros de altura, la panorámica sería similar, y no habría que ponerse en cuclillas para fotografiarla, cosa que a mis años... En cualquier caso, el resultado de mis pesquisas es el siguiente:

Cerca de Felipe IV: La Maqueta permite ver en toda su extensión el tramo de Cerca que limitaba aquel Madrid por el oeste, al que me refiero en la citada entrada de Fulano y Mengano.

A la izquierda, la Cerca hasta la calle del Rosario; a la derecha, el Portillo de Gil Imon
La Cerca serpenteaba confinando los jardines de la finca del Duque de Osuna (tal como lo hace en la actualidad la tapia de la Alameda de Osuna) y, en su continuación, al Convento e Iglesia de San Francisco. A continuación "echaba" el cierre a las calles del Rosario y de San Bernabé, aunque permitía el acceso extramuros gracias al Portillo de Gil Imon. En el final de la calle de San Bernabé se puede ver la tapia del Hospital de la VOT, que según Gil de Palacio, también parece estar integrada por ladrillo y pedernal; hoy es sólo de ladrillo.

- La Cerca de Felipe II (?): En la entrada dedicada al Corralón, propongo que la existencia de su muro norte, compuesto por ladrillo y pedernal se puede explicar por la presencia de un resto de la cerca de Felipe II.

Mientras esperamos la realización de unos análisis para datar los ladrillos, no dejo de intentar obtener información adicional al respecto, y en la Maqueta he encontrado algo que merece al menos un comentario

Caserío en el que hoy está ubicado el Corralón y, en él, el Museo de Artes y Tradiciones Populares

El caserío marcado está limitado, al oeste, por la actual calle de Carlos Arniches, al este, por la Ribera de Curtidores y, al norte, por un trozo de la calle Mira el Río Alta ¡que ya no existe! En efecto, en la actualidad, esta calle termina en la de Carlos Arniches. Cuando nuestro artillero Gil de Palacio confeccionó su Maqueta, es decir, hacia 1830, la calle llegaba hasta el Rastro y aún estaba sin construir el Corralón, hecho que tuvo lugar hacia 1860.

Pues bien, lo que me interesa resaltar es que en el lado norte de ese caserío, limitado por la calle Mira el Río Alta, se puede ver con nitidez una valla, tapia o cerca de cierta altura. Desgraciadamente no he podido ver el lado de esa tapia que dada a la calle y comprobar si Don León la decoró como las cercas (con ladrillo y pedernal), porque la disposición de la Maqueta me lo impidió, pero me parece un dato más en favor de la hipótesis propuesta en favor de la Cerca de Felipe II.

Cuando se construyó el Corralón debió respetarse la valla-tapia-cerca, sin practicar en ella ninguna apertura de puertas o ventanas, de forma tal que el siguiente paso fue construir nuevas casas adosadas a la valla-tapia-cerca, ciegas en su lado sur y abiertas en el norte a la Plaza del Rey, y cortar el trazado anterior de la calle Mira el Río Alta. Encuentro estos datos muy sugerentes .

- La Cuesta de los Ciegos:
Otro de los temas sobre los que he mostrado mis dudas, y que han producido alguna controversia con viejos amigos en los Comentarios, ha sido el de la presencia del pedernal en la Cuesta de los Ciegos.

Construcciones de la Cuesta de los Ciegos, limitadas en su parte inferior por una valla-cerca-tapia
También en este caso la Maqueta me ha arrojado nuevas luces. Como nos muestra Gil de Palacios, hacia 1830, en la Cuesta existía unas construcciones que estaban limitadas en su parte inferior por lienzos de un cerca, a un lado y otro de lo que hoy son las Escalerillas. El resto eran descampados y terraplenes que han sido felizmente  sustituidos por las casas y jardines de Las Vistillas.

En lo que a mi corresponde, doy por satisfecha mi curiosidad sobre el origen del pedernal que existe hacia la mitad de las Cuesta: Derivan, de una u otra forma, de esa valla-tapia-cerca.

Mi sincero agradecimiento al Coronel León Gil de Palacio y su Maqueta.






miércoles, 8 de enero de 2014

Cerca de Felipe IV: Fulano y Mengano

En la entrada correspondiente ya me referí a la utilización del pedernal en la Cerca de Felipe IV, siguiendo la línea general del blog. Quizás lo hice de forma excesivamente escueta, como es la tónica de esa "línea general", luego me enteré, gracias al Foro del viejo Madrid, que en realidad este tramo de Cerca es una reconstrucción del siglo XVIII, a la que la Asociación "Ciudadanía y Patrimonio" trata de rehabilitación poco rigurosa. En esto discrepo de la ACP; ya me gustaría, e imagino que también a la Asociación, que todas las rehabilitaciones que se han hecho y que se harán en Madrid, se aproximen al original como esta lo hace.

Mi excusa para volver a hablar de la Cerca de Felipe IV es haber visionado (parece que es el verbo adecuado) una película española titulada Fulano y Mengano, fechada oficialmente en 1959, aunque otras referencias la ubican en 1956, fecha que, por razones que luego explicaré, me encaja mejor que la anterior. El Director, Joaquín Luis Romero Marchent, fue uno de los creadores del spanish western, y quizás alcanzó su mayor popularidad al dirigir diversos capítulos de Curro Jiménez. El guión de Fulano y Mengano lo compartió con Jesús Franco y con José Suárez Carreño, un mexicano con una biografía bien curiosa; hombre claramente integrado en la izquierda, pero con significativas relaciones con distintos personajes del Régimen, lo que le permitió trabajar durante aquellos años en España, y participar en la "denuncia" de la situación social del País. 

La película muestra un Madrid marginal, con personajes que sobreviven casi milagrosamente a la carencia de lo más elemental, empezando por la comida, pero compartiendo las penurias y apoyándose unos a otros con la solidaridad propia de los desamparados. Los actores protagonistas son un inmejorable Pepe Isbert y unos eficaces Juanjo Menéndez y Julita Martínez. Curiosamente, gracias a la película he recordado uno de los usos y costumbres desaparecidos de la calle madrileña cual era la venta ambulante de corbatas, que seguramente se apoyaba en aquello de que: al hombre de corbata, según se le ve, se le trata.


Fotograma de Fulano y Mengano
Pero lo que que aquí importa es que, junto a los actores, la película tiene otro gran protagonista: Madrid, y mas en concreto la zona de San Francisco el Grande y el ahora tan controvertido Parque de la Cornisa. En efecto, Isbert y Menéndez, tras salir de la cárcel condenados por delitos que no habían cometido, se refugian en una casa con aire de palacete en ruinas, que la acción sitúa al final de la calle del Rosario, en los altos de la Cuesta de las Descargas. Para entrar y salir de esta casa los protagonistas pasan a través de un agujero practicado en una valla de ladrillo que limitaba la calle del Rosario, por el que se puede ver, en varios fotogramas, la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, más conocida como San Francisco el Grande. La ubicación de la tapia de puede apreciar mejor en una instantánea de la época, en la que se puede contemplar el segundo tramo de la calle del Rosario, con los niños jugando al mediodía, según la información que proporcionan las sombras producidas por el sol primaveral o veraniego, dados los vestidos de las niñas.


Fotograma de Fulano y Mengano
Todo esto está bien, pero ¿qué tienen que ver el tema y la película con el blog? Pues muy sencillo, si observamos el fondo de la imagen en la que aparecen Pepe Isbert y Juanjo Menéndez, se puede ver un muro compuesto por nuestros familiares ladrillo cocido y cuarteles de pedernal.

Esta visión se amplia y complementa con otros fotogramas en los que se puede apreciar una largo tramo de muro pedernalicio que entiendo corría en paralelo del borde de la Cuesta de las Descargas. En el fondo se ve la casa ruinosa en la que nuestros personajes viven sus muchas miserias y sus escasas alegrías.


Fotograma de Fulano y Mengano, en el que se aprecia el muro de ladrillo y pedernal, entiendo que orientado al oeste
Imagen tomada del Foro del Viejo Madrid 
Mi conclusión es que ese muro no es otra cosa que el lienzo de la Cerca de Felipe IV que limitaba por el oeste aquel Madrid y que va desapareciendo progresivamente gracias a la corrosiva coincidencia de la acción directa de distintos intereses y la omisión culpable de quienes deberían mirar con criterio por el patrimonio ciudadano. Entiendo que se trata de la continuación del tramo fotografiado en la entrada del Foro del Viejo Madrid, antes citada y que reproduzco aquí.


Cerca de la Casa de Campo
Llegado a este punto me parece oportuno y necesario hacer dos o tres de reflexiones: La primera, es que en el siglo XVII, e inspirados por Gómez de la Mora, se construyeron distintos muros y cercas en Madrid, como es el caso de la Cerca de Felipe IV, la Cerca de la Casa de Campo y creo que la del Retiro, todas ellas con la misma composición de ladrillo y pedernal. La segunda, es que, inevitablemente, todo este pedernal no puede provenir del reciclado de la muralla madrileña, salvo que hubiera tenido una longitud similar a la de la muralla china. Esto ahonda en la crisis que dejé apuntada en La reutilización del pedernal, al constatar que Gómez de la Mora encargaba la compra de pedernal en Coslada, para utilizar en la construcción del Ayuntamiento, constatación que me impidió incluir este bello edificio en mi relación de receptores del pedernal de la muralla (antes o después tendré que revisar el tema de los orígenes de los distintos pedernales). La tercera reflexión, me lleva a reforzar la tesis del pedernal como arquetipo madrileño de la seguridad, ya que todaaquella construcción que tuviera como finalidad marcar límites o proteger algo, se diseñó incorporando el pedernal protector.

No puedo cerrar esta entrada sin dejar constancia de mis vínculos personales con varios elementos del Madrid "protagonista" de Fulano y Mengano. El más importante de todos es, sin duda, el hecho de que mi abuela materna vivía en una casa a la que se accedía por la calle San Bernabé (no recuerdo el número) pero cuyo balcón daba a la calle del Rosario (por cierto, que en una ocasión metí la cabeza entre los barrotes y mi madre tuvo que untarme con jabón  para poder sacarla) Esa casa, como otras varias, fue demolida para abrir la hoy denominada Gran Vía de San Francisco, y mi abuela con mis tíos y primo, realojados en García Noblejas (San Blás) 


Imagen tomada de Madrid sin prisas
He rescatado una imagen de la zona, tomada del blog: Madrid sin prisas, fechada en el año 1927, en la que se puede ver el Convento de San Francisco, que posteriormente se convirtió en cuartel y en los 50 desapareció para continuar la calle Bailén hasta la Puerta de Toledo.


Imagen tomada de Historias Matritenses 
La historia de la apertura de esta Gran Vía está magníficamente recogida en el blog: Historias Matritenses, que nos informa que los primeros proyectos son anteriores a la guerra civil, aunque hasta 1958 no se iniciaron las obras propiamente dichas. Esas Historias matritenses incluyen una imagen, que reproduzco aquí, porque recoge el momento histórico de la primera demolición de una casa de la calle del Rosario, en el citado año de 1958, y porque esa casa que está pasando a mejor vida bien podría ser donde vivía mi abuela, ya que, como esta, no tenía más que una planta.

La Gran Vía tuvo dos o tres nombres antes de existir, pero fue bautizada finalmente, en su inauguración oficial, como Gran Vía de los Reyes Católicos, olvidando los ediles madrileños que ya tenían una calle con ese nombre enlazando Cristo Rey con la Avda. del Arco del Triunfo (inicio de la Carretera de La Coruña) A día de hoy, de esa denominación no queda más recuerdo que el hotel situado en la esquina de la calle del Ángel, con Calatrava (antes calle de los Santos) La placa que testimoniaba la
inauguración de la Avenida ha sido "removida" con ocasión de unas obras de mantenimiento, como lo prueba la foto tomada sólo hace unos días, cuando decidí redactar esta entrada.

No obstante, he conseguido una imagen de la placa cuyo texto demuestra que el nombre elegido en su momento no fue casual, sino muy adecuado, en opinión de los entonces responsables;  la fecha de la inauguración, el "inaugurador" y la dedicatoria a los egregios monarcas creadores de la indestructible unidad de España, me llevan a pensar que esta placa no volverá a su sitio, y está por ver si va a algún almacén o sencillamente es destruida. Veremos.

Por último, compartir mi duda sobre la fecha de realización de la película: Es muy posible que se estrenara en 1959, pero entiendo que el rodaje debió ser cosa de 1956 o así, ya que no parece que la zona estuviera alterada por algo tan traumático  y evidente como la apertura de la gran Vía, que como he dicho se inició en 1958.

ACTUALIZACIÓN 10.01.2014
Mi hermana me informa que, en efecto, la primera casa que se derribó, momento histórico recogido en la imagen, era la de nuestra abuela. Al parecer ella se acercó a presenciar el evento, bien triste para nosotros.

También quiero utilizar esta Actualización para recordar que en el lugar donde hoy está ubicado el mencionado Hotel de los Reyes Católicos, durante mi infancia estuvo el cine San Francisco que, junto al Castilla, situado en Angosta de los Mancebos, eran los dos "palacios de las pipas" del barrio. Por alguna razón que no recuerdo a mi me caía mejor el "Casti" que el "Sanfran", que era como les llamábamos.

Ver también, Las Cercas y la Maqueta de Gil de Palacio