lunes, 10 de diciembre de 2012

Monasterio de las Descalzas Reales

En el lugar que ocupa el Monasterio, tenía su palacio don Alonso Gutiérrez, tesorero de Carlos I. El Emperador y su esposa, Isabel de Portugal, residían con frecuencia en él, hasta el punto de que la reina dio allí a luz a doña Juana de Austria que, con el tiempo, sería reina de Portugal y madre del desventurado don Sebastián. Doña Juana, una vez que enviudó, fundó en 1559 el monasterio, que se construyó sustituyendo al anterior palacio en el que había nacido.
Las riquezas artísticas que alberga el monasterio, donadas como ajuar por las nobilísimas damas que entraban en él, lo han convertido en uno de los principales museos de Madrid, que luce largas colas de visitantes nacionales y extranjeros durante todo el año. No obstante, este tesoro interno no es mi objetivo, sino el tesoro externo en el que destaca la fachada principal, con una portada atribuida a Antonio Sillero, en la que el pedernal luce con todo su esplendor.

El monasterio es otro de los grandes exponentes del “estilo Austria”, y aunque el excesivo tráfico ha hecho desaparecer buena parte de lo que debió ser su recoleto encanto primitivo, el hecho de contar con un fuerte desnivel hacia la calle Arenal, permite disponer de una magnífica perspectiva de la fachada, cosa que tantas veces se echa de menos en otros edificios notables de Madrid, agobiados por las construcciones adosadas, como ocurre, por ejemplo, con la Capilla del Obispo en su fachada este.

La fachada de las Descalzas está plenamente incorporada a mis imágenes juveniles dado que mi colegio, el San Ignacio Obispo, estaba ubicado en el número 3 de la travesía de Trujillos, callecita alineada con dicha fachada. El colegio ocupaba la gran mayoría de la primera planta de la manzana, con balcones a la calle y travesía de Trujillos y a la plaza de San Martín. Concretamente, desde estos balcones, la mirada extraviada por la densidad de la filosofía, el latín o la física (entonces no había “cono”) terminaba descansando en las Descalzas, aunque ello no quiera decir que apreciara entonces todo su valor. El colegio se cerró, llevándose un puñado de buenos recuerdos, y el edificio ha sido vaciado y reconstruido hace unos pocos años.
En la Encarnación el pedernal está en cuarteles de parecidas dimensiones, separados por una única fina fila de ladrillos. El pedernal está como incrustado, separados los bloques por una llaga blanca, que proporciona al cuartel una apariencia de vidriera, mientras que la llaga del ladrillo está hundida.

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