lunes, 10 de diciembre de 2012

La Plaza de la Paja

La Plaza de la Paja viene a ser algo más que un rincón de Madrid, ya que su extensión obliga a tratarla con más respeto.
Ciertamente, salvo en lo que respecta a la desaparición del Palacio de los Lasso, la plaza ha conservado hasta nuestros días el aspecto que tenía en el siglo XVII. Ahí están, en su cabecera sur, la Capilla del Obispo, o la Casa renacentista de Francisco de Vargas, marqués de San Vicente,  mientras que en su parte más baja, el recién recuperado jardín romántico del Palacio de Anglona y la visión excepcional de la torre mudéjar de SanPedro.

Por algún milagro urbanístico inexplicable (por eso es un milagro) la plaza ha quedado al margen del tráfico, que sólo discurre, de refilón y de forma esporádica, por la Costanilla de San Andrés para salir a la calle de Segovia. Ahora que se ha reabierto la Capilla del Obispo la Plaza ha quedado de dulce.

El abundante pedernal que debió retirarse de los lienzos y cubos que abundaban en la zona, se utilizó aquí y allá en obras de puro sostenimiento y adorno.
En la actualidad es visible a los dos lados de la Costanilla de San Andrés. En el lado izquierdo, según se baja hacia la calle Segovia, está componiendo el zócalo escalonado de las casas, bajo la modalidad de mampostería concertada y rematado por sillares de granito en las esquinas. Parece evidente que el zócalo es el original y que sobre él se han reedificado las viviendas actuales.
En el lado derecho, el pedernal sirve de zócalo, también, al mencionado jardín romántico del Palacio de Anglona, cuya visita es muy recomendable, porque además, y esto vuelve a ser otro milagro, desde su reapertura está siendo respetado hasta el punto de que los visitantes hablan bajito, como si estuvieran en la consulta del médico, cuando se pasean por sus viales de ladrillo vertical.

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