lunes, 2 de diciembre de 2013

El pedernal: "arquetipo" madrileño

Cuando estaba confeccionando la entrada dedicada al Corralón y los presuntos restos de la Cerca de Felipe II, tuve una percepción sobre la motivación profunda del uso reiterado del pedernal en Madrid, que entiendo puedo y debo compartir con quienes tienen la gentileza de visitar este blog

Mi conclusión personal es que el pedernal forma parte de lo que me atrevo a llamar el "inconsciente colectivo" madrileño y que se convirtió durante siglos en el "arquetipo" de la seguridad, para los habitantes de Madrid. Me consta que cuando Jung desarrolló estos conceptos los refería al conjunto de la humanidad (o al menos al mundo occidental) y con carácter atemporal, pero estimo que es lícito utilizar dichos conceptos reduciendo el marco humano a los habitantes de Madrid, y el temporal, a unos  seis siglos.

¿Cómo he llegado a esta peregrina conclusión?, pues haciendo una lectura en diagonal de lo que ya llevo incorporado en el blog

-Todo empezaría cuando los carpetanos que se instalaron en el cerro del Alcázar utilizaron, como era habitual en ellos, el pedernal en el zócalo de sus casas y eventualmente en algún muro de carácter defensivo, porque conocían desde antiguo las nobles cualidades de este material.

-Podría continuar con sucesivos  refuerzos defensivos en tiempos de hispano-cristianos y visigodos, seguramente no muy importantes pero suficientes para dos hechos fundamentales en el devenir de Madrid: El primero, que el emplazamiento llamara la atención del emir Muhammad I  y decidiera que era adecuado para construir sobre él  una fortaleza (un hisn) con su medina; El segundo, que uno de sus lienzos fuera elegido por los cristianos para esconder la imagen de la Virgen, y dar así pie a la hermosa tradición de La Almudena. Es decir, que los cristianos madrileños, que aún no sabían que lo eran, y que impetrarían el auxilio de la Virgen ante la invasión musulmana, decidieron confiar a la muralla de pedernal la protección de su Protectora.

-Continuó, sin ningún genero de dudas, con la construcción de la muralla árabe que defendía la fortaleza, no sólo de los cristianos "reconquistadores", sino también de los "hermanos musulmanes" del reino de Toledo. Los cristianos, refugiados en el cerro de las Vistillas y en San Andrés, serían testigos de cómo la muralla de pedernal resistía, con gallardía y eficacia, los sucesivos ataques de unos y otros. 

-Cuando las huestes de Alfonso VI, con los segovianos en avanzadilla, penetraron en Magerit, tal vez por la Xagra, desplazaron a los musulmanes a las Vistillas y la Morería, mientras que ellos se acogieron al abrigo de la muralla, que no tardaron mucho en reforzar y ampliar, para abarcar nuevas áreas urbanas. Instalados allí pudieron comprobar las virtudes del pedernal al soportar los sucesivos cercos de Aben Yusuf.

Y ahí estaban, los ya madrileños de los siglos XIII y XIV, tan orgullosos de su muralla y su pedernal, que decidieron utilizarlo como "insignia y blasón", junto con la abundante y purísima agua de sus numerosos manantiales y fuentes.


Me resulta fácil imaginármelos asomándose  a las "vistas de San Francisco" para contemplar un paisaje como el que magníficamente recreó Pierre Schild, mediado el siglo XX (me encanta el detalle de los dos frailes franciscanos asomados a la Cuesta de los Ciegos)

Estarían tan ufanos con su muralla como hoy lo están, justamente, los abulenses, los lucenses o los toledanos. 

Para cuando cesaron las guerras con musulmanes y con otros cristianos (recordemos a Isabel y a la Beltraneja) y la muralla perdió su función defensiva, los habitantes de lo que luego ha venido a ser Madrid llevaban no menos de seiscientos años pasando de padres a hijos, de generación en generación, la idea de que el pedernal era el símbolo de la seguridad; seiscientos años hablando en los púlpitos y en la calle, de la Virgen de la Almudena (a los efectos de la tesis que propongo poco importa lo que haya en ello de leyenda, ya que lo importante es lo que creyera el pueblo); seiscientos años (o así) presumiendo de los muros de fuego; etc. Con todo ello, ¿resulta muy fantasioso presuponer que se creó un inconsciente colectivo en el pueblo madrileño, que  identificó al pedernal como su arquetipo de seguridad?
  
Con estos antecedentes, cuando Madrid hubo de expandirse para arrostrar sus nuevas responsabilidades como capital de las españas, sus mandatarios tuvieron que hacer frente a dos tareas: por un lado, de derribar la muralla que estorbaba y, por otro, autorizar e impulsar la construcción de nuevos edificios, palacios, iglesias, conventos, etc..., y ahí es cuando surge la necesidad y conveniencia de proceder al reciclado del pedernal que satisfacía simultáneamente dos objetivos: uno, utilizar un material noble que estaba a mano y, otro, incorporar a las principales fachadas de toda la ciudad (de entonces) una nota de nobleza y seguridad, que materializaba el arquetipo madrileño, configurado colectivamente en los siglos anteriores.

Claro está, donde la incorporación del pedernal salvador es paradigmática es en las cercas, herederas naturales de la muralla, y de ahí que, como dije al principio, al hablar de la presunta Cerca de Felipe II, saltara la correspondiente tecla en mi cabeza.

Si todo lo dicho es así, aquel que visite el "Madrid de los Austrias" y contemple con agrado los edificios con "el popular ladrillo y el señorial granito (pedernal) de la sillería, ambos coronados por la majestad real de la pizarra" (como decía D'Ors) si tiene un fino oído, y alguna sensibilidad, podrá percibir que el pedernal le está diciendo: 

"puedes estar tranquilo; estás seguro bajo mi protección


domingo, 1 de diciembre de 2013

Encuadre espacial

Siguiendo una lógica similar a la del Encuadre cronológico me ha parecido oportuno y útil incluir un gráfico en el que se identifica la ubicación de los edificios y otras aplicaciones en los que, presuntamente, se ha reutilizado el pedernal  de la muralla.

Sobre la imagen de Google Maps del centro de Madrid he situado los siguientes elementos.

  • El trazado de la Muralla Árabe (línea azul más clara)
  • El trazado de la Muralla Cristiana (línea azul)
  • Los Edificios Religiosos, en origen (en amarillo)
  • Los Palacios y Edificios Públicos (en verde)
  • Los Otros Usos Urbanos (en rojo)

También he incluido la presunta ubicación del Monasterio de Sta. Mª del Paso, en las cercanías del río (en naranja) trasladado, en su momento, al Prado para convertirse en San Jerónimo el Real.

Mis limitaciones informáticas no me han permitido compaginar los tamaños de la letra (legible) con el de la página del blog, pero estimo que el solape no impide al comprensión  de la imagen.




miércoles, 30 de octubre de 2013

Museo de Artes y Tradiciones Populares: El Corralón

Mercedes Gómez tuvo la gentileza de anunciarnos, a los que seguimos su magnífico Arte de Madrid, que el día 21 de octubre Francisco Pol nos iba a hablar sobre la "manzana de Cascorro", en el Museo de Artes y Tradiciones Populares  que la UAM tiene instalado en El Corralón, edificio magníficamente rehabilitado por el Ayuntamiento, de la mano del arquitecto Jaime Lorenzo.

Mezcla de pedernal, ladrillo desgastado y ladrillo nuevo
La charla y el coloquio que la siguió resultaron interesantes y edificantes (esto parece lógico tratándose de la rehabilitación de edificios) pero con todo, no fue esto lo que llamó poderosamente mi atención, sino algo que vi en mi visita al Corralón, que debo confesar no conocía con anterioridad. En el rápido recorrido que hice por el Museo, antes de iniciarse la conferencia, me encontré con la sorpresa de la existencia de un muro, en concreto el situado en el lado este del edificio, compuesto por ladrillo. pero que contiene cuarteles de pedernal. ¡Sí, de nuevo, el pedernal que me persigue! (¿O será al revés?)


Zócalo de pedernal
La aparición del pedernal no es homogénea. Una parte ejerce una función estructural, al estar utilizado en el zócalo, tal como ha venido siendo habitual desde los carpetanos, mientras que otra parte tiene una función ornamental, que es el nexo de unión de la mayoría de las entradas de este blog.  En este caso, predomina su inclusión en cuarteles rectangulares, casi cuadrados. Por su parte, la mayor parte del ladrillo ha sido renovado, aunque hay distintas zonas en las que se puede ver el ladrillo original, de mayor dimensión que el nuevo y muy desgastado.

Cuarterones de pedernal entre ladrillo nuevo
Lo primero que se puede afirmar es que esta estructura no coincide exactamente con ninguna otra de las que se han descrito en el blog, lo que se puede ser debido, bien a diferencias cronológicas, bien a diferencias estéticas, o lo que parece más lógico, a una combinación de ambas. Es evidente que en la gran mayoría de usos del pedernal y el ladrillo en el "estilo austria", fueron los criterios estéticos los que llevaron a ordenar  su disposición relativa.
(En breve plazo, espero abrir una entrada específicamente dedicada a este tema)


Muestra de muro oeste, todo él de ladrillo nuevo
Dicho esto, procede ahora hacer una consideración sobre la estructura del Corralón: este muro de ladrillo, con cuarterones de pedernal es único. En efecto, ni en el muro sur, que limita el fondo del Corralón, ni en el muro oeste, vuelve a aparecer el pedernal; en este caso, es decir, el muro opuesto al que estamos considerando, es de ladrillo "moderno", como el utilizado para rehabilitar parte del muro este.

A  partir de aquí resulta lícito e incluso inevitable, preguntarse qué hace ahí este muro singular conteniendo pedernal y por qué no lo tienen los otros dos muros que limitan El Corralón. También es lógico preguntarse si la construcción de una sencilla corrala, allá por 1860, que iba a dedicarse alojar una casa de postas y unas humildes viviendas, exigía un "pedazo de muro" como este, cuando habría sido suficiente con un muro de ladrillo, como el del sur.

Pues después de darle algunas vueltas, tengo una contestación a esas preguntas: ¡ese muro estaba ahí, porque formaba parte de la Cerca de Felipe II o quizás de la Cerca del Arrabal! Hala, ya lo he dicho (escrito) y ahora toca argumentarlo.

¿Qué se sabe de la Cerca de Felipe II,  de la que poco o nada queda (quizás lo del Senado y lo del número 72 de la calle Toledo)?, pues que el Rey mandó construirla allá por 1566, por lo que debe suponerse que la Cerca existió..., aunque en Madrid todo es posible. Se supone que, partiendo de la calle de Don Pedro, bajaba por la calle de las Aguas, y atravesaba la Carrera de San Francisco y la calle de Toledo, a la altura más o menos de la Fuentecilla.(1)

Según el Plano de De Witt, fechado unos 60 años después de la orden de Felipe II, el caserío de Madrid, por el sur, terminaba prácticamente en la que hoy es la calle de Mira el Río Alta; al final de esta calle, cruzada la que se llamó del Peñón (hoy Carlos Arniches) se pueden apreciar tapias, muros o cercas. ¿ Es muy arriesgado o ilusorio pensar que fueran restos de la Cerca del Rey? En el Texeira y planos posteriores, la zona está cubierta de casonas hasta hoy, donde se puede reconocer el trazado trapezoidal del Corralón.

Imagen tomada de la página de GEASYT, S.L.
La Cerca estaría compuesta por ladrillo y pedernal, como luego lo estuvo la de Felipe IV. Como es lógico, la Cerca estuvo a la intemperie, soportando las inclemencias del tiempo y de ahí el desgaste que muestra buena parte del ladrillo cocido. Cuando la expansión del caserío madrileño desbordó la Cerca, esta sería derribada en su mayor parte, pero algún trozo de lienzo, como el que nos ocupa sería aprovechado como pared medianera de las nuevas construcciones y respetado en las sucesivas transformaciones por su evidente utilidad.

Existe un argumento adicional en favor de la hipótesis de la Cerca: en la cuidadosa rehabilitación del edificio, los arquitectos dejaron expedita esta pared lo que demuestra bien a las claras que se automantiene, como corresponde a una estructura que nació para estar aislada y no como integrante de una estructura compleja.

En conclusión, cuando Felipe II ordenó la construcción de una nueva Cerca, que supliera a la anterior del Arrabal, los alarifes de la época la levantaron utilizando ladrillo cocido y pedernal reciclado de la muralla. La Cerca fue perdiendo su utilidad y de ella sólo sobrevivirían determinados trozos de lienzo, que fueron usados para apoyar las nuevas viviendas. Hacia 1860, se adosó a un lienzo de Cerca una Corrala que, tras su degradación por el uso y el tiempo, y ya en el siglo XXI ha sido rehabilitada para alojar el Museo de Artes y Tradiciones Populares, que ahora se vería aún más revalorizado de confirmarse que su pared este formó parte de la Cerca de Felipe II. 

Puesto al habla con Carmen Gallardo, Profesora de la UAM y Delegada para el Museo, hemos constatado que, de momento, en la documentación disponible sobre la rehabilitación del Corralón no hay referencias explícitas al  muro que antes he tratado de "excesivo". Ha mostrado el lógico interés en corroborar o, en su caso, desestimar mi hipótesis, lo que pasará por consultas detalladas a los responsables de la rehabilitación y, en su caso, por la datación por termoluminiscencia de los dos tipos de ladrillo cocidos que integran el muro.
Habrá que esperar y ver. Seguiremos informando.

(1) http://artedemadrid.wordpress.com/2013/03/12/la-calle-de-toledo-y-la-cerca-de-felipe-ii/

Ver también, Las Cercas y la Maqueta de Gil de Palacio





viernes, 7 de junio de 2013

Madrid y sus otras alternativas

El origen
La controversia sobre el origen de Madrid está abierta, casi desde el establecimiento de la Corte en esta ciudad, ya que los exégetas aduladores de la Corona (pelotas, diríamos hoy) se vieron en la obligación de ennoblecer ese origen para compararlo, de hecho alguno lo hizo, con el de ciudades como Roma.

En general, el debate se circunscribe al ámbito de los especialistas (arqueólogos, historiadores, paleontólogos, antropólogos y otros diversos “ólogos”) aunque de vez en cuando alcanza círculos más amplios, como sucedió en febrero del 2011, a raíz de la publicación en El País del artículo de Charo Nogueira titulado: “La historia de Madrid da un vuelco[1]

En el artículo se daba cuenta de las conclusiones extraídas por la arqueóloga Esther Andréu, tras varios años de trabajo en las excavaciones realizadas en la zona de la Plaza de La Armería y la Catedral para instalar allí el Museo de las Colecciones Reales, y que pusieron al descubierto, entre otras cosas, lienzos de muralla, casas, calles, cerámicas… y hasta al desventurado Valentín.

Para Andréu, la población de Madrid no debió producirse hasta el siglo XII, ya bajo la dominación cristiana, y se basa en el hecho de no haber encontrado viviendas musulmanas de años anteriores, junto a las instalaciones militares propias de una fortaleza (un hisn) Muchos amantes y estudiosos de Madrid se echaron las manos a la cabeza al sentir que se tambaleaban los dogmas admitidos hasta la fecha, es decir: que Madrid fue fundada por los musulmanes, y muy en concreto por Muhammad I, en el siglo IX.

Y ahí tenemos a los entrañables “madrileñófilos” divididos entre la hipótesis musulmana y la hipótesis cristiana, con el mismo entusiasmo con el que se han enfrentado a lo largo de los años, los partidarios de Joselito a los de Belmonte, los de Conchita Piquer a los de Juanita Reina o los del Madrid a los del Atleti. Yo, que soy partidario de Joselito, Dª Concha y el Madrid, me veo obligado a  “participar” en la polémica desde mi condición de hijo amantísimo de Madrid y libre de las trabas que el rigor exige a los expertos que lideran el debate central.

Los carpetanos
Es un hecho suficientemente demostrado que los carpetanos tenían la costumbre de asentarse allí donde encontraban una elevación que dominara alguna corriente de agua. Esta les garantizaba su actividad agrícola y ganadera, y la altura les facilitaba la defensa de su asentamiento, ya que parece eran bastante belicosos, como parece demostrarlo su colaboración con Aníbal en la lucha contra los romanos o viceversa, según el poblado.

Los casos de Miralrío (Rivas-Vaciamadrid) la Dehesa de la Oliva (Patones) el Cerro de la Gavia (Vallecas) e incluso, los propios orígenes de Segóbriga, Alcalá de Henares o Toledo, parecen buenos ejemplos de la ocupación carpetana de cerros y altozanos regados por corrientes fluviales.

La consideración del enclave del Cerro de la Gavia la encuentro especialmente oportuna, por el hecho de que, al parecer[2], en un espolón situado en la parte más oriental, existía un murete, presuntamente defensivo, construido con bloques de pedernalmire usted qué coincidencia!) [3]
Maqueta del Museo de Los Orígenes

Cerro de La Gavia









En Miralrío, el pedernal formaba parte del zócalo de las casas, sobre el que se elevaba la pared de adobe y la techumbre de madera o paja. Esta es una técnica constructiva muy difundida que necesariamente me recuerda al zócalo de la casa que originó en mí la tesis de la reutilización del pedernal de la muralla (Una casa desaparecida)

Ahora, lo que me parece oportuno es formular algunas consideraciones sobre la presunta evolución de estos poblados, inicialmente aislados y belicosos. La llegada de los romanos debió significar el abandono de muchos de ellos por el paso progresivo de los poblados aislados a unas concentraciones de población que optimizaran los servicios, de acuerdo con la nueva cultura hispano-romana. Varios de los enclaves mencionados, debieron pasar a un estado práctico de abandono, compatible con ocupaciones eventuales o para otros fines, como los enterramientos del Cerro de la Gavia, datados como hispano-visigóticos.

En otras ocasiones, se debió producir el crecimiento del asentamiento inicial por agrupación de varios de ellos y por la llegada y asimilación de las nuevas culturas que se instalaron sucesivamente en la península y, más en concreto en el centro de ella. Así ocurrió, por ejemplo, con Segóbriga, que se quedó en romana, pero no así con Alcalá o con Toledo, que sucesivamente fueron romanizadas, “visigotizadas”, arabizadas y “recristianizadas”, como así consta en sus riquísimos restos arqueológicos.

¿Y qué pasó con Madrid?
Ante esta pregunta, que es la que justifica esta entrada, me voy a permitir echar algo al vuelo la imaginación y a formular algunas hipótesis que entiendo son compatibles con lo establecido, hasta ahora, por los expertos estudiosos del amanecer de Madrid.

Que en el cerro de La Almudena hubo un asentamiento carpetano lo dice, no sólo la lógica histórica, sino también la realidad arqueológica, tal y como lo reconoce la propia Esther Andréu, en su conversación con Isabel Gea, recogida en La Gatera[4].

¿Hubo presencia romana en Madrid o nos “saltamos” esa etapa de la evolución histórica? La falta de restos evidentes parece abogar por esta segunda hipótesis…, aunque no me importaría que fuera cierta la existencia de una ermita hispano-romana dedicada a la Virgen, en las entrañas de mezquita musulmana (ver Santa María de La Almudena) ni tampoco le haría ascos a que fuera la Mantua Carpetana de las tablas toloméicas, tal y como la denominó Texeira en su Topographia de la Villa de Madrid, aunque esto no parezca muy verosímil. En cualquier caso, sí es cierto que la eventual presencia romana no fue significativa para la evolución de la Villa.

Sí lo fue, sin duda alguna, la presencia musulmana, bien fuera instalando sólo un hisn, como sostiene Esther Andréu con los datos de los que hasta ahora dispone, o bien fuera como castillo y medina, como se ha sido la creencia generalizada. De ahí en adelante, ya se sabe: toma de Alfonso VI; convivencia de las tres culturas (como en Toledo); crecimiento sostenido; llegada de los “Austrias”; y, un hecho singular que sólo afectó a esta villa, conversión de Madrid en la Capital de Las Españas, en 1561.

Conviene recordar (ver Encuadre cronológico) que en 1480 Madrid tenía unos 3.000 vecinos, que pasaron a ser 5.000 en 1546, para llegar a 25.000, sólo 16 años después, es decir, en 1570. Este crecimiento acelerado conllevó un gran esfuerzo de construcción, pero, ¡ay de mí!, otro no menor de destrucción, que debió llevarse por delante una gran cantidad de restos de las culturas anteriores. Aquello no debió ser una “burbuja inmobiliaria”, sino un auténtico “hongo atómico”.

Pues bien, con esa visión dinámica de la evolución de los asentamientos carpetanos que estoy proponiendo, se podría deducir que unos se quedaron “congelados” en los siglos I o II a.C. (La Gavia, Miralrío o La Oliva) otros lo hicieron tras la romanización (Segóbriga) y otros fueron arabizados, cristianizados y han llegado hasta nuestros días (Alcalá o Toledo) pero sólo uno pudo convertirse en la Capital de España: Madrid. Es esta visión dinámica la que invita a pensar que, partiendo de unas características básicas comunes (las de los asentamientos carpetanos) por razones que nunca podrán conocerse, unos interrumpieron su evolución muy tempranamente, mientras que otros siguieron adelante, y ello autoriza a pensar que cualquiera de aquellos asentamientos primitivos podría haber evolucionado hasta convertirse en un “Madrid alternativo”, tal como reza el título de esta entrada.

Vuelvo al origen
Termino volviendo a la controversia sobre el origen de Madrid y, para ello, me introduzco de hoz y coz en un berenjenal semántico y conceptual: ¿Qué es eso del "origen" de una ciudad? ¿Qué criterios deben utilizarse para determinar su “hora cero”?

Es claro que lo que hoy es Madrid ha estado habitado desde la edad del hierro, y desde antes, pero parece que esto no es suficiente para fijar ahí su origen, sino que se exigen el cumplimiento de ciertos criterios “históricos”

Afirman los cánones que la historia comenzó hace unos 7.000 años, con el inicio de la escritura en Sumer. Esto siempre me ha llenado de preguntas sin respuesta, puesto que a lo largo de los siglos, y aún ahora, han coexistido pueblos que se encuentran culturalmente en la prehistoria, con los más avanzados de cada momento. Los carpetanos se encontraban en la edad del hierro cuando Roma entró en España, por lo que aunque vivieran en Madrid ellos no “lo sabían”, como “no sabían” que eran carpetanos, hasta que los romanos les pusieron el nombre. ¡Seguro que ellos usaban algún nombre  para identificar el asentamiento…, pero como no sabían escribir!

Quienes sí le pusieron nombre a su castillo o medina, tanto me da, fueron los musulmanes, la llamaron Magerit (rica en agua) y por lo tanto fueron ellos los que incorporaron Madrid a la “historia”. Entiendo que esto me sitúa en el bando musulmán y no en el cristiano  de Esther Andréu. ¡Qué se le va a hacer!

viernes, 17 de mayo de 2013

Una pirámide de Belice

El pasado 15 de mayo, día madrileño por antonomasia, periódicos como El País o El Mundo recogían la noticia de la demolición de una pirámide maya para que una empresa constructora pudiera disponer piedra como relleno de caminos.

Se trata de una pirámide que fue construida por los mayas hace más de 2.300 años, dentro del complejo Noh Mul, y que ha sido destruida en unos pocos días por una eficiente retroexcavadora.


Esto es lo que ha quedado de la pirámide y la retro utilizada (Imagen tomada de El País)
Como es lógico, la destrucción de la pirámide ha causado la indignación de los arqueólogos y especialistas. Al parecer, todo el complejo se encuentra en terrenos privados, pero la legislación de Belice establece que las ruinas se encuentran bajo la protección del Gobierno. Da igual, la búsqueda del dinero fácil ha aconsejado a la empresa constructora utilizar la pirámide como “cantera” para obtener piedra con la que rellenar los caminos que estaba construyendo, y ahí fue la retro, llevándose por delante veintitrés siglos de historia. ¡Todo sea por el dólar (o el euro)!

Según la noticia, el director del Instituto de Arqueología de Belice, Jaime Awe declaró a la prensa que "La empresa despreció y destruyó completamente el edificio. ¿Por qué simplemente no se van y excavan en otra parte sin significado cultural?" Pues por dinero, Sr. Awe, por dinero, y por desprecio absoluto de la cultura y la historia.


¿Es necesario justificar la presencia de esta entrada en el blog? Es claro que estamos muy lejos de Madrid y supongo que la pirámide no estaba construida con pedernal…, pero resulta muy estimulante poder “ver en directo” una historia muy similar a la de la muralla de Madrid. Es como cuando algún antropólogo se incorpora a una tribu primitiva para “ver en directo” el comportamiento del hombre prehistórico.

La lectura de la noticia me ha llevado, como en un “flashback” de esos que tanto se llevan, a los momentos en los que la muralla madrileña fue derribándose y su pedernal fue utilizado para las nuevas construcciones, a las decisiones tomadas al respecto por los Reyes Católicos, por Carlos I y por otros gobernantes, recogidos en Avatares de la muralla, o en la Reutilización del pedernal.

Es evidente que si en 1570 se hubiera dispuesto de una retroexcavadora como la utilizada en Belice no habría hecho falta que 30 picapedreros hubieran trabajado en el derribo del Arco de Santa María, durante un mes. Más gente al paro.

En realidad, el suceso de Belice recuerda, en lo que se refiere al origen y el destino de la piedra, a lo sucedido con el Castillo de Barajas (ver El castillo reciclado) aunque, afortunadamente para nuestra sociedad e historia, la Duquesa de Osuna pidió los correspondientes permisos al ayuntamiento para la reutilización del pedernal, cosa que los bárbaros de Belice no han hecho, ni por asomo.

jueves, 31 de enero de 2013

El castillo reciclado: Tapia de El Capricho

El título de esta entrada es, desde luego, una paráfrasis del título del blog, pero es que toda la entrada lo es también del conjunto del blogEn efecto, en el  blog se trata de seguir la pista al pedernal, que habiendo sido utilizado inicialmente en un elemento arquitectónico de protección y separación (la muralla de Madrid) fue reutilizado posteriormente, reciclado, en la construcción y ornamentación de diversos edificios (conventos, iglesias, palacios, etc.) de la época de los austrias.  En esta entrada, por el contrario, se trata de seguir la evolución  de otro pedernal, que fue utilizado inicialmente en la construcción de un edificio  (el Castillo de Barajas)  y fue  reutilizado en la construcción de  otros elementos de protección y separación: las tapias de El Capricho, la del Panteón de los Fernán Núñez, así como otros elementos arquitectónicos. Se trata, pues, de procesos similares aunque inversos, que tienen  en común al pedernal como sujeto principal y que presentan una curiosa continuidad cronológica. 

En la última restauración, los responsables han rellenado las
llagas, hasta conseguir un "alisado" de los muros que no
permite apreciar en volumen y el color natural del pedernal
En este corte, y en las paredes interiores,
 resulta mas fácil reconocer el pedernal













Al castillo en cuestión se le conoce por diversos nombres: de la Alameda; de  Barajas; de los Zapata..., y curiosamente ninguno de ellos corresponde a quienes mandaron construirlo: los Mendoza, que por entonces eran todopoderosos en Castilla, sí que dieron nombre al Castillo de Manzanares el Real, coetáneo del de Barajas. Al parecer fue edificado como fortaleza entre 1431 y 1476, cuando aún estaba viva la reconquista, y se erigió en una terreno que, como en tantas otras ocasiones, había sido ocupado desde tiempos lejanos (los historiadores hablan del calcolítico o Edad del cobre)  Se cree que tras la retirada  de los musulmanes se fueron creando nuevos pueblos en esta zona (Hortaleza, Barajas, Canillas, etc.) y que es en el siglo XIII cuando le llegó el turno a La Alameda, cuyo señorío le fue encomendado por el rey a los Mendoza. La iniciativa de la construcción del Castillo, le correspondió a Don Diego Hurtado de Mendoza.

A los efectos que más le interesan a este blog, debe constatarse que los muros del Castillo estuvieron integrados por mampuestos de pedernal, trabados con mortero de cal. Resulta oportuno encajar en el tiempo el momento en el que Don Diego encarga la construcción del Castillo: en esa primera mitad del siglo XV, es cuando (ver Encuadre cronológicose está empezando a construir Madrid; en ella se tiene conciencia de la seguridad que le había proporcionado la muralla de pedernal, que ahora se está desmontando para construir San Nicolás, Santa María de El Paso o la Torre de los Lujanes, y los constructores recurren al mismo material y a la misma técnica utilizada años atrás.

Pocos años de existencia tenía el Castillo, cuando fue otorgado como dote a Doña Inés de Ayala y Ruiz  Sanz  Zapata por el rey Juan II de Castilla, con lo que entra a formar parte del patrimonio de la familia de los Zapata, ligada desde muy antiguo a Madrid. Con este cambio de dueños se produjo un cambio aún más profundo en su finalidad, estructura y aspecto. En efecto, con la toma de Granada había acabado la reconquista, y los castillos de Castilla (reino fronterizo donde los hubiera) perdieron su naturaleza defensiva, a la par que los señores de la guerra se convertían en cortesanos. Consecuentemente, Francisco Zapata de Cisneros promovió, en 1575, una transformación radical del Castillo para convertirlo en una residencia adecuada a la vida de la nueva corte. Dicha transformación supuso, además del levantamiento de la Torre del Homenaje, la apertura de ventanales y vanos, para dotar de luminosidad  a las estancias, y la creación de jardines con gran variedad de árboles, plantas y fuentes. Vamos, que los Zapata hicieron de un belicoso castillo una agradable residencia, de modo similar a lo que se hizo 
cuatrocientos años más tarde, para convertir castillos en paradores. 

En su nueva condición de residencia cortesana, el Castillo de los Zapata dio acogida a figuras tan notables como: el duque de Alba, que lo habitó en 1580; la reina Margarita de Austria, en 1599, tras su boda con Felipe III; o el duque de Osuna, que murió en él, en el año 1622. Su viuda, la condesa de Benavente, compró los terrenos colindantes, que son el origen de  la Alameda de Osuna y los protagonistas del futuro "reciclado del Castillo".

El poder de los Zapata fue decayendo durante el siglo XVII y con ellos el papel del Castillo, que terminó sufriendo un voraz incendio en 1697 que le condujo al abandono definitivo y a su progresiva ruina. En relación con la reutilización del pedernal resulta significativa una petición de las religiosas del convento de Santo Domingo el Real, en 1977, que para proteger una viña de los rateros pedían permiso para sacar la piedra necesaria de las ruinas del castillo de La Alameda, añadiendo que "han oydo q han hurtado piedra y van hurtando en corto tiempo se quedará el castillo terraplanado". El municipio les dio el permiso, pero sólo para la piedra desprendida, para no incrementar la ruina del edificio.

Con estos antecedentes,  no es extraño que el pedernal "desprendido" y quizás alguno más fuera utilizado en la construcción de los edificios y otros elementos arquitectónicos de La Alameda, como es el caso de las tapias de El Capricho o del Panteón de los Fernán Núñez o la Casa del Artillero, dentro de los Jardines.
¡Qué familiar ha de ser esta imagen del pedernal y el ladrillo
cocido de la tapia de El Capricho, a quien pasee por el
 Madrid de los Austrias!

En 1783, Doña María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel, esposa del noveno Duque de Osuna, adquirió los terrenos en los que está ubicado el Parque, para construirse una villa de recreo donde reposar de los deberes y compromisos de la Corte. Era sin duda una mujer de gran valía, como lo prueba el hecho de ser miembro de la Real Academia de la Lengua. La Duquesa pidió autorización al municipio para utilizar piedra del castillo, autorización que, por supuesto, le fue concedida. La construcción de la finca se alargó durante 52 años, superando la vida de la duquesa. Dentro del Parque se construyó una ruina artificial, la llamada Casa del Artillero, utilizando también el pedernal del Castillo.

Como se ha dicho antes, otro producto del reciclado del castillo es el Panteón de los Fernán Núñez, familia que heredó el Condado de Barajas. El Panteón fue construido en 1898 por el Marqués de Cubas.

Tanto la tapia de El Capricho, como la del Panteón recuerdan la estructura y aspecto de la Cerca de Felipe IV, con lo que se cierra el ciclo y la paráfrasis del Castillo Reciclado.

Algunas referencias consultadas: